La necesidad del absurdo.

Fotolibros - Sangre - Leslie Spak

“Existe lo conocido y lo desconocido, en medio están las puertas de la percepción”

Aldous Huxley

No hay nada mas extraño que empezar este libro por la imagen final. Cuatro caras con rasgos de hombre mayor están distribuidas en cuatro cuerpos distintos, tres de estos cuerpos tienen características de niña pero con la misma cara, la misma sonrisa y la misma mirada que al repetirla se vuelve perturbadora. En un primer intento de lectura es imposible pasar por alto detallar los rostros, acción que luego acompañara todo el libro como una metáfora de la sangre, entendida como el origen pero también el fin, y el trauma. Los azulejos hacen saltar la mirada hacia un fondo casi plano y luego encontramos una figura mayor, enmarcado en lo que parece el borde de una puerta, todos están agarrados de la mano con una sonrisa que quiere aparentar ser desprevenida pero que en realidad esta posando. El hombre de traje negro no alcanzo a ajustar los tres botones de su saco para la foto, solo el del medio y la corbata quedo atascada en el primero.

Fotolibros - Leslie Spak

Cuando uno tiene este libro de portada roja en sus manos lo primero que nota es que la cubierta tiene un corte que nos deja ver la cara de un niño, que por su contexto pareciera que esta pensando o lleva dandole vueltas a un asunto mucho tiempo y curiosamente su mirada señala el titulo del libro y el nombre del autor en alto relieve, casi invisibles, algo difícil de notar en primera instancia. Es posible que esta metáfora nos de un primer indicio de que este trabajo es también una introspección.

Para ver este libro lleno de misterios, tendríamos que estar dispuestos a perder eso que llamamos “identidad” por un momento e intentar encontrarnos en el proceso. Imaginen que ustedes son sus padres, o sus padres son ustedes, que sus abuelas no son sus abuelas sino sus tíos, que una mujer en su familia tiene bigote o que en los recuerdos con sus seres queridos las caras se repiten indefinida y aleatoriamente en aquellos cuerpos moralmente “bien puestos”, sin ser capaces de reconocerlos o incluso reconocerse; es justo en ese momento en que la mente se dispone a retorcerse gracias a este ejercicio de memoria ficcional y podríamos empezar a valorar el absurdo como parte inherente de nuestra “realidad”. Saltar de la mirada conservadora del archivo fotográfico familiar a la exploración de la niñez y el absurdo para establecerlo como elemento narrativo, es definitivamente en este libro una pregunta abierta hacia algo que llamaremos “la construcción de la identidad”.

Por otra parte, dice mi abuela que hay que conservar la buena postura cuando se participa en eventos sociales, porque es un momento al cual se le da demasiada importancia y de este tipo de imágenes esta lleno el libro, puede que sea un acto consciente de la autora o que realmente las imagenes de su archivo familiar están llenas de estas situaciones sociales, cosa que me llevó a pensar en esa costumbre de contratar a un fotógrafo para este tipo de actos que valía la pena recordar, claro, estoy pensando en generaciones que no tuvieron acceso directo a esto de la democratización de la fotografía y como ha ido evolucionando con la imagen digital hasta llegar al selfie. Pero probablemente el ADN de este trabajo no radique principalmente en problematizar sobre el acto social y la buena postura, o sobre la aceptación que se ejerce de acuerdo a nuestras maneras de vestir y mostrarnos ante la sociedad. Pero si puede que sea parte de las instrucciones genéticas para comprender la sangre de este cuerpo de trabajo, ademas, hay unas situaciones que evidentemente no han sido pensadas para el acto fotográfico: como ver a alguien a punto de tragar un bocado o como en la penúltima imagen, alguien tapándose la cara. Pero es solo un detalle que he decidido mencionar debido al contexto en el que se desarrollan la mayoría de las fotografías.

Algo que me parece muy valioso del libro es el uso del montaje como recurso narrativo, y como la mezcla con el archivo problematiza sobre las nociones de lo que es real o no y del significado mismo del documento y lo fotográfico. Para mi este trabajo cobra valor en el momento en que pelea con la teoría clásica de la fotografía y los constructos del documentalismo, aunque no deja de ser, según yo, un archivo documental. Con este procedimiento de apropiación se puede dialogar en el marco del <paradigma del archivo> un concepto que Benjamin Buchloh teorizó a principios de los 90 estableciendo por primera vez una clara relación entre el archivo y el arte contemporáneo, con motivo de la publicación del catalogo de la exposición Deep Storage: Collecting, Storing and Archiving in art. En esta exposición se mostraba el trabajo de una serie de autores como Gerhard Richter, Bern y Hilla Becher o Christian Boltanski, que trabajaron a partir de archivar colecciones de fotografía, entonces según Buchloh este tipo de trabajos que venían desarrollandose en el campo del arte no podrían clasificarse según las vanguardias o la teoría clásica de la fotografía y comienza a desarrollar la teoría del paradigma. Pero que pasa entonces cuando se rompe no solo con la definición de fotografía, sino con la de archivo/documento también?. 

Este giro en el arte que identificó Buchloh es definido según Ana Maria Guasch como una tercera vía para analizar el arte, separado de los otros dos paradigmas establecidos hasta el momento: la obra autentica y la multiplicidad del objeto artístico. Cuando trasladamos esto hacia el terreno de lo fotográfico, el archivo (Arkhé, que significa principio, origen) termina siendo parte inherente de su campo y deberíamos considerar el montaje o collage como una via más para analizar la imagen fotográfica, sobre todo en la contemporaneidad, donde coexisten Snapchat, Instagram, Facebook y seguramente miles de aplicaciones más, que terminan convertidas en los nuevos centros de documentación, archivo y álbumes, tanto personales como familiares.

Justo como dice Fred Ritchin en el prefacio de su libro “Después de la fotografía”: “Hemos entrado en la era digital y la era digital ha entrado en nosotros. Ya no somos quienes alguna vez fuimos. Para bien o para mal. Ya no pensamos, hablamos, leemos, escuchamos ni miramos como alguna vez lo hicimos. Ni tampoco escribimos, fotografiamos o incluso hacemos el amor de la misma manera(…) Nuestra noción de comunidad ha cambiado, como también la noción que tenemos de nosotros mismos.”

Ahora que estamos convertidos en seres virtuales pareciera que todos adoptamos la posición de hiperfotográfos, sencillamente porque la mayoría tiene acceso a este tipo de tecnología y en la red todo se vale. Pero que tiene que ver esto con el libro? Creo que cuando intentamos pensar en la imagen contemporánea y sus implicaciones, este libro es uno de esos ejemplos perfectos para introducirnos en la virtualidad de la imagen y su alcance. Aunque desconozco si el montaje se hizo de manera digital o análoga, para las generaciones virtualizadas tendrá referencia directa a aplicaciones como Snapchat, pero en este caso quiero hablar específicamente de Face Swap Live. Esta bizarra y divertida app dedicada al intercambio de caras y mascaras, como muchas otras, no son solo generan modificaciones en la manera como asumimos y tomamos fotografías hoy día, sino que disimuladamente están empezando a modificar nuestros álbumes, archivos y documentos. Esta aplicación lanzada en diciembre de 2015 llego a ser la 2da mas vendida del 2016 en la App Store, mismo año en que Snapchat se convirtió en aplicación gratuita más descargada por los usuarios de Apple; imaginar la cantidad de usurarios  de alguna de estas dos aplicaciones es una locura. Si ponemos en el buscador de Google, en la sección de imagenes el numeral #faceswap aparecen mas de 3.6 millones de resultados y eso que es solo un numeral de los muchos que utiliza la gente para compartir sus imagenes. Ahora pensemos en la cantidad de memoria modificada que se va a quedar archivada en los nuevos dispositivos y plataformas que guardan nuestros recuerdos.

Luego de divagar en estas ideas sigamos en lo que nos interesa, y para no aburrirlos, finalizo con una conclusión muy personal sobre el libro “Sangre” de Leslie Spak.

Este trabajo que navega entre la ironía de la interpretación de un archivo familiar mediante un montaje cargado de “absurdo”, se convierte en un documento que busca tal vez, convertir el asombro y el horror en una de las primeras pulsiones provocadas en el espectador o simplemente funciona como un ejercicio de catarsis; Probablemente este trabajo es un viaje en el tiempo que decide enfrentar la autora al momento de encontrar el archivo y pensar en pasar a hacer parte de él. Los rasgos de su formato y la disposición de las imagenes nos hace pensar en un filtro lleno de grietas hacia Lo Real, refiriéndome a ese vacío que se genera ante la imposibilidad de reconocimiento de lo conocido, y es precisamente esta característica la que nos hace tambalearnos frente a sus imagenes. Este libro genera un escalofrío tensionante que puede llegar a ser divertido al momento de analizar sus paginas y esto es un impacto que solo se da por la mirada, más no a partir de la reflexión, que fue lo que intente hacer acá, así que si puede busque una copia o pídaselo prestado a alguien y cuéntenos que le pareció.

Fotolibro Leslie Spak

“(…) In the right context, manipulation can reveal truths that a single image alone never could.” Errol Morris, Documentalista.

Quiero agradecer a Leslie, por crear esta traumática maravilla, y a Jon por la invitación. Intenté hacerlo lo mejor posible, fue un reto gigante lleno de aprendizaje y errores, seguramente.


Texto de Andrés Millán - Página web - andres.millan.t@gmail.com


Datos y enlaces externos sobre este fotolibro.

Datos de Publicación

Autora: Leslie Spak

Editorial: Editorial la Luminosa, 2016

ISBN: 978-987-3751-14-1

País: Perú

Medidas: 21 x 16 cm

Número de Páginas: 72 páginas. Tapa blanda.

Donde Comprar:

Editorial La luminosa

Nota 1: Este fotolibro en Colombia no se consigue, sin embargo, si quieres consultarlo contáctanos a info@dobleespacio.com