La Batea

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En 2011 Stephen Ferry  realiza una fotografía a orillas del Rio Palo en Caloto, Cauca,  Colombia. En ella, un hombre realiza un movimiento casi hipnótico con su batea en búsqueda de oro. Una búsqueda ancestral que también realizaron indígenas y colonizadores, y de la cual ha emergido oro, pero también violencia, desigualdad y disputa territorial entre todos los actores del conflicto armado interno Colombiano.

El tema de la minería no es un tema nuevo ni para Stephen, ni tan poco para Elizabeth Ferry, su hermana, quienes desde la fotografía y la antropología respectivamente, han abordado este tema desde hace ya varios años. En el Caso de Stephen su trabajo sobre el tema de las minas realizado bajo el nombre de I Am Rich Potosí exploró la cultura de los mineros quechuas de Potosí.

En este nuevo trabajo publicado bajo el nombre de La Batea se entrelazan un trabajo periodístico y un trabajo fotográfico. Ese dialogo constante se evidencia de manera directa entre texto e imagen. Una tensión persistente entre aquellos autores que realizan fotolibros en el contexto contemporáneo. De manera inicial cuando el lector se enfrenta a esta publicación se evidencian elementos que aluden a las características de lo que se denomina contemporáneamente como Fotolibro. Por un lado tenemos el formato y materialidad del libro mismo, su tamaño concebido por los diseñadores para asemejar una libreta de viaje, el color de las hojas que evade el blanco puro y el cual se asemeja mas a un color amarillento, así como la textura de su cubierta, hacen una referencia directa a la tierra misma. Y como si fuera poco, de ese color tierra de la portada emerge una incrustación en oro de 22 quilates en el centro de la batea misma.

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Estas decisiones de los autores realizadas de manera conjunta con un equipo de diseñadores y de impresores, nos hablan del pensamiento del libro como objeto y su relación con la temática desarrollada. Esto para mi lo posiciona dentro del ámbito del Fotolibro contemporáneo. Sin embargo, al interior la historia es muy diferente. El libro posee una estructura capitular, desglosada minuciosamente pagina a pagina en un índice de contenido al iniciar el libro. El desarrollo de cada uno de estos capítulos inicia con textos que oscilan entre lo informativo, lo descriptivo y lo experiencial.

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Estos textos que preceden a las imágenes se suman a los pie de pagina que acompañan  a cada una de ellas, indicando descripción del objeto o de la acción, lugar donde se tomó la foto y año en que fue tomada. Estas características me sitúan en un lugar alejado del Fotolibro y me llevan a referencias editoriales mas cercanas al periodismo o documentalismo clásico. Lo anterior por supuesto no resta valor al enorme trabajo realizado por Stephen y Elizabeth, únicamente se intenta reflexionar sobre las características propias del Fotolibro contemporáneo.

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En una conversación sostenida con Stephen en Diciembre de 2017, dialogamos sobre este punto en particular. Planteábamos la dificultad de catalogar esta publicación y debatíamos sobre el hecho de nombrar La Batea como Fotolibro. La respuesta de Stephen explicaba las decisiones tomadas:

“En un tema como este donde los detalles importan tanto, tratamos de ser lo mas sintéticos posible, pero que las imágenes estén acompañadas de texto y viceversa, nos pareció muy importante. La gente en Yolombó, por ejemplo, que abrieron sus puertas y nos recibieron, para ellos no sería suficiente que haya sido un ensayo fotográfico y en un tema como este que es tan polarizado, con tantos preconceptos y prejuicios, ciertas fotografías pueden terminar siendo sentimentales o clichés si no hay una información que la acompañe. 

 (…)Nosotros hicimos lo que pensábamos necesario para relatar lo que queríamos relatar, y que esa estructura “clásica” ayudará a eso. Nosotros simplemente aceptamos que iba a haber esa tensión e incluso nos gusta que sea hibrido y que no sea fácil de clasificar”

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Además de lo anterior hay un punto importante a la hora de revisar esta publicación y es la secuenciación fotográfica. Al iniciar la lectura parece existir una secuenciación que narra de manera cronológica un problema específico en algunos lugares de Colombia. Sin embargo, esto no es del todo cierto. Si bien en algunos capítulos las imágenes se organizan de una manera temporal,  en muchas otras ocasiones oscilan entre los años 2008 y 2017. Su estructura narrativa se desenvuelve principalmente desde otro aspecto, un retrato que conecta con comunidades indígenas contemplando su patrimonio detrás de un vidrio ajeno y una pequeña secuencia de una familia de la comunidad indígena nasa del cabildo de Huellas (Caloto) buscando oro en la ribera del río Palo, inicia esta narrativa. Después de esto, múltiples imágenes de van desde los detalles del proceso extractivo, hasta las problemáticas sociales que el mismo conlleva. Dos imágenes de “La Gigantona” sirven como bisagra a lo que parece ser un problema que, lejos de solucionarse, ofrece un esperanzador futuro, ejemplarizado  en manos de Elisa Trespalacios, una mujer orfebre en Mompox.

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Al margen de la discusión sobre si La Batea es o no un Fotolibro, y entendiendo la decisión implícita por parte de los autores de colocar esta publicación en el delgado  limite de la reportería gráfica y las narrativas fotográficas, es indudable que este trabajo contempla una investigación histórica y profunda sobre un escenario que se encuentra palpable en la realidad nacional. Un ejemplo de ello es enterarnos que hace pocos días Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) entregó a la Sociedad de Activos Especiales 100.166 gramos de oro, que corresponderían a un poco más de 100 kilos. Suponiendo que este oro fuera de la menor calidad, 14 quilates, el valor aproximado sería 7 mil millones de pesos (fuente). Este pequeño ejemplo podría ayudarnos a entender el oro en el futuro como símbolo de paz y reconciliación y no como “oro de conflicto”, como se le llamó hace algunos años en nuestro país.

Por ultimo vale resaltar la decisión de los autores al realizar esta publicación en Colombia, no solo con Icono Editorial SAS, sino en términos de producción en general. La realización de estos proyectos enriquecen el panorama editorial fotográfico local y suman a los esfuerzos realizados en trabajos publicados en editoriales colombianas como Mesa estándar, Salvaje, La silueta, Jardín publicaciones, Inversa Editores, Editorial libros mojados y Croma taller visual, entre otros.


JON F. ESPITIA B. - jonfotografiaco@gmail.com - info@dobleespacio.com 


Datos y enlaces externos sobre este fotolibro.

Datos de Publicación

Autor: Stephen Ferry  - Elizabeth Ferry www.stephenferry.com www.elizabeth-ferry.com

Editorial:
Icono Editorial SAS www.iconoeditorial.com

Consultoria editorial, de preprensa y procesos gráficos: Diego Amaral.

Edición:
Gustavo Mauricio García Arenas y Constanza Vieira

Impresión:
Panamericana Formas e Impresos S.A. www.panamericanafei.com.co

Alto: 24cm - Ancho: 13cm Número de páginas: 197.

ISBN 978-958-8461-95-3

Donde comprar:

Ojo Rojo Fabrica Visual

Libreria Nacional

Icono Editorial