A place to live

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El fotolibro de Mateo Gómez describe mediante imágenes la coyuntura  entre lo rural y lo urbano en los límites de Bogotá, planteando el  esfuerzo del ser humano por habitar un lugar, por decisión o necesidad, siguiendo el instinto de preservar a toda costa su propia vida, a veces de manera natural, a veces de manera artificial. En este sentido, “A place to live” es un título que, de entrada, encamina al lector en la experiencia sobre un lugar, en la afectación de vivir referida a dicho lugar, y en el pensamiento tanto visual como racional que emerge de la convergencia entre dichas experiencia y la afectación.  

Sin duda hay un aspecto “bergsoniano” del tiempo en el libro al combinar fotografías familiares e íntimas con espacios urbanizados y ajenos;  proponen la pugna entre un tiempo personal, interior e inconmensurable, y un tiempo oficial, externo, cuantificable, medible. Las fotografías urbanas proponen un tiempo del progreso, de edificación acelerada de viviendas, de carreteras, de obra negra. En las fotografías donde aparecen personas es manifiesto el tiempo de reuniones familiares, de caminatas peripatéticas e instantes de contemplación. ¿Cuál de los dos tiempos prevalece cuando se vive en un lugar que es límite entre lo natural y lo artificial?

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El fotolibro es una intermitencia de paisajes interiores y exteriores. Los  paisajes externos en gran parte enseñan grandes moles habitables de concreto y ladrillo que compiten con la vegetación por la ocupación del espacio. Mientras que hay fotografías de familias compartiendo en sus hogares dentro de viviendas marginales, algunos habitantes de los paisajes externos en el libro no descansan bajo un techo edificado, pues su refugio es un árbol y su lecho es el residuo de pasto que queda de la construcción de carreteras enormes, doble calzadas y centros comerciales. Sin duda una cualidad del ser humano contemporáneo es la habilidad de adaptarse a vivir en espacios que son para transitar y no para permanecer.

Yo habité en uno de los lugares limítrofes retratados en este fotolibro. Entre mis 19 y mis 22 años habité en el conjunto residencial San Jerónimo de Yuste, ubicado en el borde sur de la ciudad con los cerros orientales. El proyecto de conjunto residencial contemplaba la construcción de bastantes edificios de viviendas de interés social a costa de la eliminación de una gran parte de la fauna y flora de ese sector de los cerros, razón por la cual las entidades ambientales gubernamentales  de ese momento les revocaron las licencias de construcción. El conjunto solo construyó 3 hileras de edificios de unas 20 proyectadas, de manera que el paisaje resultante situaba los edificios en medio de carreteras vacías con espacios para los edificios ausentes, junto al enorme cerro que en una de sus caras fue deforestado y pelado para hacer un enorme muro de contención.  Como la construcción del conjunto no finalizó, sus límites con el entorno eran difusos. La separación entre el conjunto residencial y las viviendas de invasión circundantes eran cercos hechizos de rejas y polisombra, y además había una sofisticada transición del bosque a la ciudad demarcada por la vegetación que poco a poco inundaba el concreto. 

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El tiempo que viví allá fue muy particular. Dejando a un lado a los vecinos ruidosos, el habitar allá era tremendamente silencioso y tranquilo. En contraparte, el transporte para llegar allá era escaso y caminar hasta allá representaba un riesgo cotidiano. En su libro “breve tratado del paisaje”, Alain Roger plante que el jardín, desde su definición en diferentes culturas y territorios, se constituye como un espacio paradisiaco, ordenado y controlado, cuyos límites funcionan como un aislante de la naturaleza salvaje e incierta. En San Jerónimo de Yuste, al igual que en los otros paisajes urbanos del fotolibro, hay una lógica diferente a la que plantea Roger. La urbe se desarrolla caótica y devora un espacio natural, armonioso desde tiempos prehispánicos: Encima de las lomas de la sabana hay una montaña falsa y oscura, fabricada compulsivamente con basura y tapada con plástico.

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Para finalizar, vale la pena poner en diálogo este fotolibro con el texto “Construir, habitar, pensar” del filósofo alemán Martín Heidegger, el cual nos habla  sobre el verbo construir. En su etimología alemana, el término construir (bauen, en alemán) tiene dos derivaciones o significados: construir cuidando lo natural, lo que crece (del latín collere), y construir edificando lo artificial (del latín aedificare), lo que hace falta. En este orden de ideas, Heidegger llama la atención sobre cómo actualmente se ha refundido el sentido de cuidado  y, al construir, solo pensamos en edificar lo artificial sin preservar lo que ya está. “A place to live” siembra esta pregunta en el lector: ¿De qué manera construyo mis lugares emocionales y físicos? ¿Cuál es el equilibrio entre cuidado y edificación en ellos?  


Texto de David Guarnizo - deguarnizo@gmail.com - Página Web


Datos y enlaces externos sobre este fotolibro.

Datos de Publicación

Autor: Mateo Gómez García

Editorial: La Silueta

Páginas: 45

Medidas: 17 x 25 cm

ISBN: 9789588568416

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En Bogotá:

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