“Pequeño, mediano, grande”

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Pequeño: Que tiene un tamaño menor de lo normal. Que tiene menos cantidad, calidad o importancia que otra cosa de su misma especie.

Mediano: De calidad, cantidad o tamaño intermedios. Que es poco bueno o casi malo.

Grande: Que tiene un tamaño superior al que se considera normal o superior en comparación al de otra cosa de su misma naturaleza. Que es especialmente intenso o perceptible.

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En el año 2011, la revista bogotana Matera ganó la convocatoria de publicación periódica de IDARTES con un proyecto especial titulado: “Pequeño, Mediano, Grande”.

La idea principal de este proyecto es la convocatoria, edición y publicación de tres revistas donde se reflexionará a partir de la naturaleza del tamaño en la fotografía. Una propuesta hacia la experimentación sobre cómo los tamaños de las cosas se relacionan con los tamaños de las imágenes que las reproducen, así como el medio impreso en donde se encuentran. La publicación, editada por Manuel Kalmanovitz y Nicolás Consuegra contó con una convocatoria abierta cuyos resultados proveen en la publicación final, todo tipo de imágenes que se relacionan de forma más o menos directa con la reflexión propuesta en principio.

Es así como en la revista dedicada al tamaño “Pequeño” podemos ver fotografías macro, imágenes de la infancia extraídas del álbum familiar, juegos de perspectiva o imágenes que evocan la soledad o el sentimiento de lo pequeño. Pero también la magnitud de un paisaje en plano general, un monumento o la inmensidad vista a través de una ventana de avión.

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En esta publicación la concepción de lo pequeño, lo mediano o lo grande, está representada por fotógrafos de distintas formaciones, experiencias y vivencias. Es allí cuando me cuestiono precisamente sobre la concepción y construcción de la Mirada. Aquello que, para algunos, es ese don mágico con el que cuentan los grandes de este medio. Esa capacidad de ver lo que otros no. O de disparar en el momento justo, en el momento decisivo. Y para ir más allá, desde mi experiencia como docente: ¿Es posible enseñar esta Mirada? ¿Es posible otorgar una Mirada al finalizar el curso? 

Instrucciones para disparar una cámara

Póngase de pie, separe sus piernas a la anchura de su cadera y manténgalas levemente dobladas, una delante de la otra.

Tome su cámara con ambas manos. Póngala a la altura de su cara. Intente unir ligeramente los codos a su pecho para mayor soporte.

Su mano izquierda debe sujetar la parte inferior de la cámara, mientras su mano derecha sostiene la cámara en su empuñadura, dejando el dedo índice libre sobre el botón de disparo.

Observe a través de la mira. Dispare.

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La mirada fotográfica integra un conjunto de mediaciones físico-técnicas, formales y culturales. En principio, todo estudiante busca el dominio de la técnica, de la máquina. Sin embargo, es curioso entender que hay gente que estudia fotografía, pero no quiere aprender fotografía. En la era de YouTube, se llega a la concepción de que la práctica fotográfica se limita al dominio de algunos trucos: lograr barridos sin sobreexponer, congelar movimientos veloces, desenfocar selectivamente, hacer fotos de noche, saber de lentes, conocer los gadgets.

Algunos aprendices se contentan con la idea de poder tener más seguidores y contar con buenos comentarios de sus imágenes construidas a partir de pasos ejecutables, como quien sigue un guion o una receta. Desde la docencia, es menester la investigación a profundidad de ese conocimiento compartido en blogs y video tutoriales, que muchas veces está fragmentado o no es del todo verídico. Además de asegurar que este conocimiento tenga una secuencia temática lógica, logrando que cada concepto esté articulado al siguiente.

Y es que la fotografía es un juego estructuralmente complejo, pero funcionalmente simple. Es decir “…quien maneja una cámara puede obtener excelentes fotografías sin ser consciente del proceso complejo que provoca cuando oprime el obturador” (Flusser, 2010, pág. 62). Este proceso, no tiene tanto que ver con el dominio del aparato físico, sino con la alfabetidad. La educación y la inteligencia visual del fotógrafo.

Más que enseñar a hacer fotos, un docente de fotografía debería compartir habilidades que faciliten el desarrollo del pensamiento fotográfico. Por supuesto, es necesario saber hacer las cosas. Un taller de iluminación en estudio tiene niveles de complejidad que un estudiante debe ir alcanzando para dominar la puesta en escena y la luz, pero podría caer en ser un curso orientado al saber hacer. Lo importante, desde mi perspectiva, será la armonía entre el qué, el cómo y el para qué, así, de entrada, lo que atraiga más al estudiante sea la posibilidad de lograr un resultado visual impactante.

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Sin embargo, ¿será posible, después de esa formación, conseguir un estilo? ¿Será posible lograr otorgar una voz o una Mirada, al entregar las notas aprobadas de un curso?

Muchas veces no se trata de enseñarle algo a alguien, sino de darle herramientas para que descubra lo que necesita. Y es que, en ninguna clase de fotografía, podremos enseñarle a otro qué le interesa. Podemos abrir panoramas, servir de facilitador, motivador o incluso de instigador. Pero no podemos darle una voz.

Buena parte de la enseñanza fotográfica es generar condiciones para que el alumno consiga, algún día, tener su propia mirada. Por eso, a veces, lo importante de este camino de aprendizaje no está en las aulas, ni siquiera durante el tiempo del curso, sino mucho tiempo después, en otro lugar.

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Esa constitución de miradas y de puntos de vista son las que nos permiten observar el abanico tan amplio de visiones sobre los mismos temas, en este caso, sobre lo pequeño, lo mediano o lo grande En esta publicación podemos dilucidar el mosaico de universos, la compleja red de mediaciones, hechos culturales, discernimientos y valoraciones que, a partir de un tema específico y angustiantemente abierto permite observar el producto de una construcción editada de forma colectiva. La visión de lo pequeño, lo mediano o lo grande, se atraviesa desde la mirada del fotógrafo. Y al revisar estas revistas, se atraviesa nuevamente por mi propia mirada: por lo que sé, lo que he leído, lo que he sentido y he aprehendido.


VIVIANA AGUILLÓN - instagram - viviana.aguillon@unad.edu.co


Datos y enlaces externos sobre este fotolibro.

Datos de Publicación

Página web del proyecto: www.revistapmg.com

Autores: Varios.

Editores: Manuel Kalmanovitz + Nicolas Consuegra

Editorial: Revista Matera

Revista P 
Tamaño: 12 x 16.5 cm.

Revista M
Tamaño: 16.5 x 24 cm.

Revista G
Tamaño: 24 x 33 cm.

¿Donde Comprar?

En Bogotá:

Librería NADA

Revista Matera

*Si conoce otros puntos de venta háganoslo saber y pondremos aquí la información.

“Pequeño, mediano, grande”

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Pequeño: Que tiene un tamaño menor de lo normal. Que tiene menos cantidad, calidad o importancia que otra cosa de su misma especie.

Mediano: De calidad, cantidad o tamaño intermedios. Que es poco bueno o casi malo.

Grande: Que tiene un tamaño superior al que se considera normal o superior en comparación al de otra cosa de su misma naturaleza. Que es especialmente intenso o perceptible.

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En el año 2011, la revista bogotana Matera ganó la convocatoria de publicación periódica de IDARTES con un proyecto especial titulado: “Pequeño, Mediano, Grande”.

La idea principal de este proyecto es la convocatoria, edición y publicación de tres revistas donde se reflexionará a partir de la naturaleza del tamaño en la fotografía. Una propuesta hacia la experimentación sobre cómo los tamaños de las cosas se relacionan con los tamaños de las imágenes que las reproducen, así como el medio impreso en donde se encuentran. La publicación, editada por Manuel Kalmanovitz y Nicolás Consuegra contó con una convocatoria abierta cuyos resultados proveen en la publicación final, todo tipo de imágenes que se relacionan de forma más o menos directa con la reflexión propuesta en principio.

Es así como en la revista dedicada al tamaño “Pequeño” podemos ver fotografías macro, imágenes de la infancia extraídas del álbum familiar, juegos de perspectiva o imágenes que evocan la soledad o el sentimiento de lo pequeño. Pero también la magnitud de un paisaje en plano general, un monumento o la inmensidad vista a través de una ventana de avión.

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En esta publicación la concepción de lo pequeño, lo mediano o lo grande, está representada por fotógrafos de distintas formaciones, experiencias y vivencias. Es allí cuando me cuestiono precisamente sobre la concepción y construcción de la Mirada. Aquello que, para algunos, es ese don mágico con el que cuentan los grandes de este medio. Esa capacidad de ver lo que otros no. O de disparar en el momento justo, en el momento decisivo. Y para ir más allá, desde mi experiencia como docente: ¿Es posible enseñar esta Mirada? ¿Es posible otorgar una Mirada al finalizar el curso? 

Instrucciones para disparar una cámara

Póngase de pie, separe sus piernas a la anchura de su cadera y manténgalas levemente dobladas, una delante de la otra.

Tome su cámara con ambas manos. Póngala a la altura de su cara. Intente unir ligeramente los codos a su pecho para mayor soporte.

Su mano izquierda debe sujetar la parte inferior de la cámara, mientras su mano derecha sostiene la cámara en su empuñadura, dejando el dedo índice libre sobre el botón de disparo.

Observe a través de la mira. Dispare.

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La mirada fotográfica integra un conjunto de mediaciones físico-técnicas, formales y culturales. En principio, todo estudiante busca el dominio de la técnica, de la máquina. Sin embargo, es curioso entender que hay gente que estudia fotografía, pero no quiere aprender fotografía. En la era de YouTube, se llega a la concepción de que la práctica fotográfica se limita al dominio de algunos trucos: lograr barridos sin sobreexponer, congelar movimientos veloces, desenfocar selectivamente, hacer fotos de noche, saber de lentes, conocer los gadgets.

Algunos aprendices se contentan con la idea de poder tener más seguidores y contar con buenos comentarios de sus imágenes construidas a partir de pasos ejecutables, como quien sigue un guion o una receta. Desde la docencia, es menester la investigación a profundidad de ese conocimiento compartido en blogs y video tutoriales, que muchas veces está fragmentado o no es del todo verídico. Además de asegurar que este conocimiento tenga una secuencia temática lógica, logrando que cada concepto esté articulado al siguiente.

Y es que la fotografía es un juego estructuralmente complejo, pero funcionalmente simple. Es decir “…quien maneja una cámara puede obtener excelentes fotografías sin ser consciente del proceso complejo que provoca cuando oprime el obturador” (Flusser, 2010, pág. 62). Este proceso, no tiene tanto que ver con el dominio del aparato físico, sino con la alfabetidad. La educación y la inteligencia visual del fotógrafo.

Más que enseñar a hacer fotos, un docente de fotografía debería compartir habilidades que faciliten el desarrollo del pensamiento fotográfico. Por supuesto, es necesario saber hacer las cosas. Un taller de iluminación en estudio tiene niveles de complejidad que un estudiante debe ir alcanzando para dominar la puesta en escena y la luz, pero podría caer en ser un curso orientado al saber hacer. Lo importante, desde mi perspectiva, será la armonía entre el qué, el cómo y el para qué, así, de entrada, lo que atraiga más al estudiante sea la posibilidad de lograr un resultado visual impactante.

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Sin embargo, ¿será posible, después de esa formación, conseguir un estilo? ¿Será posible lograr otorgar una voz o una Mirada, al entregar las notas aprobadas de un curso?

Muchas veces no se trata de enseñarle algo a alguien, sino de darle herramientas para que descubra lo que necesita. Y es que, en ninguna clase de fotografía, podremos enseñarle a otro qué le interesa. Podemos abrir panoramas, servir de facilitador, motivador o incluso de instigador. Pero no podemos darle una voz.

Buena parte de la enseñanza fotográfica es generar condiciones para que el alumno consiga, algún día, tener su propia mirada. Por eso, a veces, lo importante de este camino de aprendizaje no está en las aulas, ni siquiera durante el tiempo del curso, sino mucho tiempo después, en otro lugar.

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Esa constitución de miradas y de puntos de vista son las que nos permiten observar el abanico tan amplio de visiones sobre los mismos temas, en este caso, sobre lo pequeño, lo mediano o lo grande En esta publicación podemos dilucidar el mosaico de universos, la compleja red de mediaciones, hechos culturales, discernimientos y valoraciones que, a partir de un tema específico y angustiantemente abierto permite observar el producto de una construcción editada de forma colectiva. La visión de lo pequeño, lo mediano o lo grande, se atraviesa desde la mirada del fotógrafo. Y al revisar estas revistas, se atraviesa nuevamente por mi propia mirada: por lo que sé, lo que he leído, lo que he sentido y he aprehendido.


VIVIANA AGUILLÓN - instagram - viviana.aguillon@unad.edu.co


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Datos de Publicación

Página web del proyecto: www.revistapmg.com

Autores: Varios.

Editores: Manuel Kalmanovitz + Nicolas Consuegra

Editorial: Revista Matera

Revista P 
Tamaño: 12 x 16.5 cm.

Revista M
Tamaño: 16.5 x 24 cm.

Revista G
Tamaño: 24 x 33 cm.

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La última noche

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Juan José Horta Soto es un reportero gráfico con varias series sobre el conflicto y en esta Última noche ofrece un retrato ambiguo sobre el conflicto, la noche, y la idea que uno puede tener sobre lo que significa lo último.

Reunidas hay 18 fotos de armas puestas sobre cobijas, sábanas, cubrelechos de muchas clases. Hay, por ejemplo, con figuras geométricas, con flores muy grandes y rosadas, con osos pandas sonrientes que parecen contándose un chiste.

La irrupción de los fusiles y ametralladoras sobre estas superficies hace pensar en descanso pero también en la incomodidad de meterse en una cama en la que han dejado boronas que uno se clava en las plantas de los pies.

Está el contraste entre la rigidez del metal y la suavidad de la tela. Está también el claro esfuerzo por hacer que la tela esté bien extendida para darle la bienvenida a las armas que ahí yacen.

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Se puede uno imaginar a la persona dueña de la cama extendiendo las telas, como si recibiera un huésped que quisiera hacer sentir cómodo. También se ven limpias y uno podría imaginarse el olor del jabón en el cuarto contrastando con el del aceite con el que se mantienen las armas o con la acidez de la pólvora o del metal.

¿Qué tendrá de “última” esta noche? Podría ser que las armas se están acostando y que se les esté apagando el día, que se trate de sus últimas horas como armas porque luego serán fundidas para ser otras cosas: varillas, lámparas, radios de bicicletas. Pero también, más terrible, podría ser que los dueños de estas camas, quienes tendieron amablemente las sábanas, cobijas y cubrelechos para recibir a las armas, dejen de vivir tras haber hecho su gesto generoso.

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Es más, puede que el gesto no sea generoso sino amedrentado. Que mientras extienden las sábanas, cobijas y cubrelechos otra arma les esté apuntando, que la amabilidad no sea amabilidad sino miedo, que la última noche se refiera a la suya, que el engalanamiento de la cama no sea más que un gesto horrible de sadismo armado.

La tira de las 18 armas está complementada por dos cartas de excombatientes que se despiden de sus fusiles. Hablan de reconciliación, de dejar las armas, de paz. Las cartas hacen más angosto las posibilidades de sentido de las imágenes, su ambigüedad se reduce y se le va un poco la gracia.

Ahora es un documento que registra una entrega de armas y las sugerencias de esos fondos, de los pandas sonrientes y las flores fosforecentes, colapsan. No hay nada que ver acá. Es una entrega. Sigan su camino. No hay asesinatos ni amabilidades forzadas. Solo hay armas y camas y una guerra que lleva décadas acabándose sin terminarse de acabar. Lo de siempre.

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Texto de Manuel Kalmanovitz - manuelk12@gmail.com - Página Web


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Datos de Publicación

Autor: Juan José Horta

Editorial: Autopublicación

Fotografías, concepto y diseño: Juan José Horta

Edición: Jorge Panchoaga

Páginas: 18 + 2

Medidas: 12 x 17 cm

ISBN: NA

Impresión: Lineas Digitales

Primera edición 2018

300 ejemplares

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Directamente con el autor

Jardines

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Empezaré por el principio analizando el título de Jardines de Valeria Giraldo. ¿Qué es un jardín? Puedo definir un jardín como un ecosistema dispuesto por el hombre a partir de elementos orgánicos (principalmente plantas y flores). Quien diseña el jardín se apropia de elementos del medio ambiente y los ensambla a su gusto en un espacio controlado. Este acto devela una tensión entre la admiración que el humano siente por la naturaleza y el deseo de verse reflejado en ella.

 ¿Por qué tenemos esta necesidad de coleccionar y poseer todo aquello que nos desarma y que nos mueve a nuestro alrededor? No nos basta con dejarnos cautivar por la experiencia, aceptado su transitoriedad intrínseca; entendiendo que aquello que despierta nuestros sentidos, puede ser en sí mismo, sin la necesidad de nuestra existencia. En cambio, lo volvemos objeto del deseo: anhelamos materializarlo para poder consumirlo. Reafirmamos sin cuestionamientos la ilusión de que el control puede alivianar nuestra angustia existencial. Asfixiamos esa alegría inicial con la obsesión de poseerla.

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Los jardines en este libro los asocio con la intimidad. No es casualidad que la portada sea un retrato de Valeria en un interior con plantas. Tampoco es casualidad que las plantas a lo largo del libro: balazos, ratoneras, bore, nopales, heliconias, palmas y demás, sean especies tropicales. Todas pueden ser encontradas en los paisajes de Colombia y en los jardines de sus casas.

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Al extraer una planta de su medio natural para ponerla en un jardín, veneramos su existencia. La armonía lograda en el entorno artificial puede ser más plástica que el caos de la naturaleza misma. La maceta, contenedor de esta vida, y las condiciones óptimas propiciadas por el entorno controlado, pueden acentuar la divinidad de la planta. Al alejarla de sus depredadores y al darle la luz y el alimento en intervalos y medidas perfectas, la planta puede crecer y resaltar más de lo habitual. También puede morir si la dejamos de atender o si fallamos en algún paso del procedimiento. Sea bello o no el resultado de esta domesticación, lo inquietante es que de-formamos y re-formamos la planta para moldearla a nuestro gusto y capricho, revelando la plasticidad de la vida misma.

 Como la apropiación de estas experiencias estéticas no nos llenan, pasamos a codificarlas en recuerdos intensos. De nuevo ensamblamos y modificamos estos fragmentos a nuestro gusto y semejanza. De ahí que pasando las hojas del libro una asoleadora pueda parecer la maceta o contenedor de un cactus, y que una hoja de bore, en vez de servir como alimento para las gallinas pueda pasar a ser la sombrilla de una mesa verde con sillas en forma de flor. Pero esto tampoco es suficiente, la codicia nos lleva a querer materializar otras capa sobre lo ya hecho: naturaleza hecha jardín, hecha recuerdo, hecha foto digital, hecha recuerdo de la imagen, hecha impresión de foto con acabado brillante de dimensiones y look típicas de un álbum familiar... Anillamos las fotos de tal forma que si lo quisiéramos, la secuencia del libro no tendría principio ni final. Así mismo, una vez anilladas, las fotos tampoco podrían escapar de este nuevo objeto al que fueron asignadas, al menos que fueran liberadas adrede por alguien, o que fueran leídas por distintas personas, luego analizadas en texto, luego vueltas a fotografiar para ser montadas en una página web que a lo mejor termine viendo la misma Valeria Girlaldo, perpetuando infinitas copias y capas de trans-codificación de información.

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Ahora bien, no toda la reflexión sobre la naturaleza del jardín tiene que girar en torno al cinismo. No todo tiene que ser tan complejo. Al igual que este espacio, todo es doble (pésimo chiste) y a final de cuentas lo que introducimos a nuestro jardín es algo que atesoramos y resguardamos con vehemencia. El jardín, siempre y cuando sea cuidado, trae vida y oxigena.

Algunas personas aspiran a la perfección en su jardín: lo podan y arrancan todo aquello que consideran que atenta en contra de su pulcritud y reputación. Desde aquella falsa seguridad que esto les brinda, señalan todo lo grotesco y caótico a su alrededor. Otras lo cercan y con miedo intentan detener el paso de cualquier intruso (aquí puede ir foto de rosa con púas). Otras permiten que las espinas y enredaderas crezcan tanto que se invierten los roles y la planta se alimenta de su huésped de manera parasitaria. Como todo, entre el jardinero y su jardín debe haber un fino balance, de lo contrario uno termina arruinando al otro. En fin…

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Mi abuela dice que una casa sin flores es un espacio triste. Y tú, ¿Cómo adornas tu interior?


Texto de Ana Cristina Vallejo - anyvallejo@gmail.com


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Datos de Publicación

Autora: Valeria Giraldo Restrepo 

Editorial: Jardín Publicaciones

Páginas: 28

Medidas: 12 x 17 cm

ISBN: 978-958-48-0765-6

Primera edición 2017

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El resto es selva.

“Amigos. Nadie más. El resto es selva.

¡Humanos, libres, lentamente ociosos!”

Los amigos, 1937. Jorge Guillén

Sí, para estar en la selva se necesitan amigos. Amigos que conozcan los caminos, amigos que se hayan criado en ese territorio, amigos que hablen su idioma, amigos que unas horas antes pudieron ser desconocidos, pero que en el caminar de la selva se van encontrando en la complicidad de ser humanos.

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En un mismo costal

Al usar la palabra selva el imaginario que viene a mi cabeza es de desorden, caos, humedad y, si me dejo llevar por mis recuerdos más sensoriales, viene a mi memoria olfativa el olor a tierra, pero no esa tierra de vivero estéril y homogénea, sino esa tierra fangosa, grumosa y profunda; en seguida viene la sensación lumínica de sombra, caminos que se van perdiendo entre la oscuridad de las plantas y pisadas que se desvanecen o enredan entre ramas pudriéndose; por último, está la sensación táctil de untarse, sudarse o ensuciarse y, de vez en cuando, tocar una mano amiga para dar un salto o para salir del fango.

El índice de libro me hace pensar en todo esto, en sensaciones de temperaturas, en caminar para conocer, en prepararse bien para “aventuriar” y en que estaremos pasados por agua, mucha agua.

 

El momentum de Juan Bailarín

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En cada acercamiento a un territorio lejano de las urbes, existe un Juan Bailarín, esa persona que puede ser mujer u hombre, tener 8 o 70 años de edad, pero que con su conocimiento y su generosidad nutre los procesos de cualquier índole. “Se la soyan” igual si la búsqueda está relacionada con algo científico que involucre su territorio o si la iniciativa es acerca de una especulación artística. Siempre habrá un comentario o una historia que cree ese momentum en el cual aparecerá un detonante creativo.

La escucha atenta de esos diálogos o de esos silencios que normalmente se dan mientras se hacen largas caminatas pasadas por exceso de sol o lluvia, o durante las comidas al borde de una trocha buscando sombra en cualquier palo, son las verdaderas pistas donde se revela el territorio para el viajero en busca de las historias que permanecen el aire.

El reto de ordenar visualmente la selva o de no hacerlo

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Alguna vez en un taller de foto-paisaje con el fotógrafo colombiano Santiago Harker, recuerdo que hablamos de hacer fotografía en la selva tropical o el bosque andino, y de las dificultades para jerarquizar y darle lectura a las imágenes, esto situándonos en un discurso, si se puede decir, prístino del lenguaje fotográfico.

Este fotolibro, en su estructura, plantea un orden con momentos claros demarcados por pautas gráficas que ilustran el recorrido, organiza la mirada atando las imágenes a un contexto geográfico, acompañado, a su vez, por las historias narradas de personas que habitan ese espacio; así se crea el conjunto del corpus narrativo.

Las imágenes, página a página, van dando cuenta de un estilo de vida en ese tipo de ecosistemas, de cómo es el rebusque para vivir, de a qué hora se va la luz y cómo lo que va quedando es el “silencio” de la selva. También están dotadas de una percepción fotográfica situada desde lo sencillo de los detalles, que para mí da cuenta de un tipo de observación respetuosa sin afán de buscar espectacularidades efectistas, y más bien dejando hablar a la selva y a lo que la habita.

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Las fotografías en su totalidad se unen narrativamente a lo largo del libro, gracias a que sostienen una penumbra contrastada dada por la calidad del papel escogido y la edición final de las mismas… entre otras decisiones. Algunas imágenes me dejaron con ganas de ver más, pero se van yendo a negros profundos donde ya no se puede descifrar mucha información, especialmente el caso de la doble página de la Cristalina donde aparece una escena de muchas personas al lado del río. Esa será una pregunta para hacer al editor y al autor.

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Texto de Alejandra Cardona. - aguaquevadejalacorrer@gmail.com


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Datos de Publicación

Autor: Sebastian Villegas

Editorial: Puente Consultorias.

Diseño de arte, diseño gráfico y diagramación: Mesa Estandar / Taller Graáfico y editorial.

Impresión: Artes y Letras S.A.S.

Editor: Santiago Escobar J.

Páginas: 120

Medidas: 26 x 20 cm

ISBN: 978-958-56423-6-2

3000 ejemplares impresos en papel Offset blanco de 115 gramos.

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Puente Consultorías

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A place to live

Fotolibro Colombiano - a place to live - Mateo Gomez García-201.jpg

El fotolibro de Mateo Gómez describe mediante imágenes la coyuntura  entre lo rural y lo urbano en los límites de Bogotá, planteando el  esfuerzo del ser humano por habitar un lugar, por decisión o necesidad, siguiendo el instinto de preservar a toda costa su propia vida, a veces de manera natural, a veces de manera artificial. En este sentido, “A place to live” es un título que, de entrada, encamina al lector en la experiencia sobre un lugar, en la afectación de vivir referida a dicho lugar, y en el pensamiento tanto visual como racional que emerge de la convergencia entre dichas experiencia y la afectación.  

Sin duda hay un aspecto “bergsoniano” del tiempo en el libro al combinar fotografías familiares e íntimas con espacios urbanizados y ajenos;  proponen la pugna entre un tiempo personal, interior e inconmensurable, y un tiempo oficial, externo, cuantificable, medible. Las fotografías urbanas proponen un tiempo del progreso, de edificación acelerada de viviendas, de carreteras, de obra negra. En las fotografías donde aparecen personas es manifiesto el tiempo de reuniones familiares, de caminatas peripatéticas e instantes de contemplación. ¿Cuál de los dos tiempos prevalece cuando se vive en un lugar que es límite entre lo natural y lo artificial?

Fotolibro Colombiano - a place to live - Mateo Gomez García-6.jpg

El fotolibro es una intermitencia de paisajes interiores y exteriores. Los  paisajes externos en gran parte enseñan grandes moles habitables de concreto y ladrillo que compiten con la vegetación por la ocupación del espacio. Mientras que hay fotografías de familias compartiendo en sus hogares dentro de viviendas marginales, algunos habitantes de los paisajes externos en el libro no descansan bajo un techo edificado, pues su refugio es un árbol y su lecho es el residuo de pasto que queda de la construcción de carreteras enormes, doble calzadas y centros comerciales. Sin duda una cualidad del ser humano contemporáneo es la habilidad de adaptarse a vivir en espacios que son para transitar y no para permanecer.

Yo habité en uno de los lugares limítrofes retratados en este fotolibro. Entre mis 19 y mis 22 años habité en el conjunto residencial San Jerónimo de Yuste, ubicado en el borde sur de la ciudad con los cerros orientales. El proyecto de conjunto residencial contemplaba la construcción de bastantes edificios de viviendas de interés social a costa de la eliminación de una gran parte de la fauna y flora de ese sector de los cerros, razón por la cual las entidades ambientales gubernamentales  de ese momento les revocaron las licencias de construcción. El conjunto solo construyó 3 hileras de edificios de unas 20 proyectadas, de manera que el paisaje resultante situaba los edificios en medio de carreteras vacías con espacios para los edificios ausentes, junto al enorme cerro que en una de sus caras fue deforestado y pelado para hacer un enorme muro de contención.  Como la construcción del conjunto no finalizó, sus límites con el entorno eran difusos. La separación entre el conjunto residencial y las viviendas de invasión circundantes eran cercos hechizos de rejas y polisombra, y además había una sofisticada transición del bosque a la ciudad demarcada por la vegetación que poco a poco inundaba el concreto. 

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El tiempo que viví allá fue muy particular. Dejando a un lado a los vecinos ruidosos, el habitar allá era tremendamente silencioso y tranquilo. En contraparte, el transporte para llegar allá era escaso y caminar hasta allá representaba un riesgo cotidiano. En su libro “breve tratado del paisaje”, Alain Roger plante que el jardín, desde su definición en diferentes culturas y territorios, se constituye como un espacio paradisiaco, ordenado y controlado, cuyos límites funcionan como un aislante de la naturaleza salvaje e incierta. En San Jerónimo de Yuste, al igual que en los otros paisajes urbanos del fotolibro, hay una lógica diferente a la que plantea Roger. La urbe se desarrolla caótica y devora un espacio natural, armonioso desde tiempos prehispánicos: Encima de las lomas de la sabana hay una montaña falsa y oscura, fabricada compulsivamente con basura y tapada con plástico.

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Para finalizar, vale la pena poner en diálogo este fotolibro con el texto “Construir, habitar, pensar” del filósofo alemán Martín Heidegger, el cual nos habla  sobre el verbo construir. En su etimología alemana, el término construir (bauen, en alemán) tiene dos derivaciones o significados: construir cuidando lo natural, lo que crece (del latín collere), y construir edificando lo artificial (del latín aedificare), lo que hace falta. En este orden de ideas, Heidegger llama la atención sobre cómo actualmente se ha refundido el sentido de cuidado  y, al construir, solo pensamos en edificar lo artificial sin preservar lo que ya está. “A place to live” siembra esta pregunta en el lector: ¿De qué manera construyo mis lugares emocionales y físicos? ¿Cuál es el equilibrio entre cuidado y edificación en ellos?  


Texto de David Guarnizo - deguarnizo@gmail.com - Página Web


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Datos de Publicación

Autor: Mateo Gómez García

Editorial: La Silueta

Páginas: 45

Medidas: 17 x 25 cm

ISBN: 9789588568416

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Esquina Rosa

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La imagen que aparece en carátula nos muestra una esquina, quizá una que podría estar en cualquier parte del mundo, con un toque particular como lo es su forma redondeada, en la que aparece un hombre de espaldas para dar dimensión al encuadre, en la que reconocemos la presencia del sol que ilumina parte de su ropa, así como la sombra de los edificios cercanos que aparece sobre el pavimento. La sombra de este hombre aparece en la contracarátula, pues estas dos imágenes son fragmentos de la misma fotografía. Es un hombre del que sólo podemos reconocer su estilo de vestir, así como su piel blanca que se evidencia por su mano y oreja, pero que está siendo fotografiado sin que él lo sepa, está siendo registrado a través de la ventana del estudio de Miguel Ángel Rojas.

Cuando pienso en este gran artista colombiano, imagino también el momento en el que hacía las fotos que aparecen en este libro, en su sensibilidad como artista en plena década de los setenta, con aproximadamente treinta años de edad, en pleno centro de Bogotá, mirando la cotidianidad a través de su ventana y luego queriendo registrarla sin ser visto, consciente del acto voyerista de su trabajo, diferenciando éste del proyecto del Faenza, ya que Esquina Rosa contiene escenas urbanas, el artista estaba en un espacio interior y las personas que aparecen en sus registros tienen cierta distancia, pasando frente a su estudio. Imagino como el artista en una de sus pausas de trabajo, encontró un nuevo proyecto frente a él, uno de esos que aparecen cuando buscando distancia del trabajo se mira a través de la ventana, ¿o sería acaso estas escenas, una de las motivaciones para tener su estudio allí?

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Estos registros que estuvieron durante años en los archivos de Miguel Ángel Rojas, requirieron de una nueva mirada de su autor, tres décadas después, con su sensibilidad transformada por el tiempo, para poder consolidar una serie de doce fotos para una exposición y después con la curaduría de Ximena Gama y posterior diseño y edición de Andrea Triana, poder crear un libro que contiene 32 imágenes. La fotografía es una constante del trabajo de este artista, así como su sentido de observación y justo en la década en la que se realizan estas fotos, le apuesta a la construcción de sus proyectos con estrategias para pasar desapercibido y ser un cazador de imágenes. Otro de los detalles atractivos de la publicación es que sean en su mayoría imágenes a color, ya que una de las características de los proyectos del artista que desarrollaba en esa década eran en su mayoría con fotografías en blanco y negro. Pero si bien, el invento de la fotografía a color es de la década del treinta, fue en la década de los setenta donde se posicionó en el trabajo de muchos artistas y fotógrafos en el mundo.

El libro contiene fotos de varias de sus series, tanto en color como en blanco y negro, esta propuesta narrativa tiene un ritmo que va desde congelar un personaje en el espacio hasta terminar con imágenes tomadas con un largo tiempo de exposición. Estas series reunidas nos permiten entender las dinámicas de esta zona, el encuentro de miradas de quienes trabajan en este sector, así como de quienes lo transitan, o quienes llegan a él en busca de complicidad y placer.

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En el ritmo narrativo de la publicación pasamos de imágenes de esta esquina en color y luego en blanco y negro, evidenciando así momentos diferentes de la observación del artista. Fueron varios años registrando a través de su ventana, consolidando varias de sus obras con fotografías y explorando el sector como escenario de muchos de sus proyectos.

Hay un cambio en el ritmo de esta publicación, cuando encontramos una imagen en blanco y negro de dos policías en esa esquina, un contraste cargado de mucho simbolismo, y luego cuatro imágenes en color que no son de esta esquina, sino de otros de los proyectos que trabaja el artista simultáneamente, ya que se había arriesgado a registrar dinámicas de encuentros homosexuales, al interior de un teatro o de un baño. Una arriesgada acción teniendo en cuenta el sonido de su cámara en esta época, con mucha exploración técnica para poder aprovechar la luz de la pantalla, la sensibilidad de la película o el tiempo de exposición. El artista se exponía con cada uno de estos proyectos, ya que no se encuentra con personas conscientes del lente que está registrándolos, pero además llega a lugares donde existen otros códigos de encuentro sexual. Para contrastar estas imágenes luego aparece la imagen que es parte de la carátula, la de un hombre de espaldas en una esquina, y luego la de unos hombres uniformados, cinco imágenes en blanco y negro de policías de los que no podemos ver bien sus gestos, pero si su poder a través del bolillo en sus manos, que además de “cumplir su deber”, aprovechaban este espacio para la extorsión y la participación, como lo ha planteado el autor sobre su obra. La sexta imagen de los policías es en color, con una temperatura fría, que evidencia la distancia desde su ventana, en la que el poste de luz ilumina la silueta de estos seis hombres alejándose de este espacio, en medio de la noche.

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El final del libro son tres imágenes en color, realizadas con largos tiempos de exposición, carros que transitan en esta misma esquina, pero que apenas quedan como líneas sobre la calle, terminando con el registro barrido del movimiento de un vehículo, cerca de un andén en el que ya no vemos transeúntes.

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Es un libro de contrastes a través de las imágenes registradas, de pausas con sus páginas blancas, de cambios narrativos con las doble páginas en las que dialogan las dos imágenes. Esta publicación termina con los textos de presentación del proyecto, la ficha técnica de las fotografías y los créditos, por lo que las imágenes se presentan siempre en página completa, sin textos permitiendo un ritmo en la lectura del libro.

Esta publicación nos trae historias de otra época del centro de Bogotá, una calle en la que ahora encontraremos algunos detalles arquitectónicos reconocibles, de un espacio transformado como zona universitaria principalmente, que ahora empieza a rodearse de edificios de apartamentos. Este fotolibro presenta también las posibilidades contemporáneas de proponer nuevas miradas agrupando varias de las series que construyó este artista en la década del setenta, para que reconozcamos el valor documental de las imágenes, su poder narrativo al presentarlas en conjunto y la comprensión de las intenciones del artista, que se da gracias a la solidez con el que ha posicionado su trabajo.


Texto de CLARA VICTORIA FORERO MURILLO - cvforerom@unal.edu.co

*Imágenes cortesia Jardín Publicaciones


Datos y enlaces externos sobre este fotolibro.

Datos de Publicación

Autor: Miguel Angel Rojas

Editorial: Jardín Publicaciones

Páginas: 64

Medidas: 17 x 25 cm

ISBN: 978-958-48-3458-4

Curaduría: Ximena Gama

Edición y Diseño: Andrea Triana

Corrección de estilo / Traducción: Diego Uribe Holguín.

Preimpresión: La Troupe

Impresión: Torre Blanca Agencia Gráfica.

*Proyecto Ganador de la Beca para proyectos editoriales independientes en artes plásticas. 

¿Donde Comprar?

En Bogotá:

Libreria NADA

*Si conoce otros puntos de venta háganoslo saber y pondremos aquí la información.

Santísimo Sacramento

Fotolibro colombiano Santísimo Sacramento

En los momentos que me llega este libro estoy hablando con mi hijo que viaja a encontrarse con su madre para decidir qué hacer con los recuerdos de la familia, qué hacer con los álbumes familiares, las cartas y las memorias de familia que pueden tener un origen en Suiza y en Bolivia, en España y en África, en Boyacá o en Cundinamarca, en los llanos orientales o en el desierto de la guajira, lo cual me obliga a preguntarme por nuestro árbol genealógico, ¿como está compuesto nuestro ADN? y esto me lleva a pensar que podemos formar parte de los desplazados de alguna guerra, de los buscadores de un tesoro o de una ciudad dorada e inmediatamente vienen a mi memoria los poemas “Ítaca” y  “La Ciudad” de Kavafis.

¿Qué hacer con esos recuerdos?. ¿Donarlos a un archivo de memoria histórica?. ¿A qué país le pueden interesar los afectos y efectos de unos ciudadanos con unas raíces que se podrían tal vez llamar rizomáticas y con unas identidades unidas al idioma que hablaban en ese momento de su vida?.

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Pienso en mi memoria y en los álbumes de familia que desaparecieron, tengo unas 3 fotos de mi infancia, las que tenía de mis hijos se las entregué hace unos años cuando me cambié de una casa muy grande a un apartamento pequeño y boté sin examinar las cajas llenas de fotos, se fueron los archivos de las obras de los años 70, 80, 90, etc. Las obras de mail art, fax art, las fotos borradas parcialmente con hiposulfito e intervenidas con tintas y con químicos que ya en su momento eran de dudosa permanencia, en esos días no pensábamos ni nos interesaba su perdurabilidad, en ese momento no había coleccionistas ni historiadores que quisieran tener esos archivos, la memoria no tenía el valor que tiene ahora.

Intento ir en mi memoria a los recuerdos más antiguos y a los más cercanos, quiero entender porque las capas que están más escondidas son las que permanecen y las más cercanas se desvanecen, como si no se pudieran fijar, como sucedía con las primeras imágenes de la fotografía argéntica, como si la escritura en las neuronas o donde sea que se lleve a cabo no se pudiera hacer porque no le dedicamos el tiempo suficiente al presente y se nos va en unos instantes, como el eterno ir y venir del agua: nunca te bañas en el  mismo río aunque sea el mismo río, vivimos en la modernidad líquida nadie puede sentirse seguro, todo se puede perder sin previo aviso.

Pienso en el amigo que ya no puede recordar qué hizo hace unos minutos, me intriga que pasa en el, cómo se siente, qué piensa, qué angustias vive, como intenta por múltiples preguntas ubicar algo del pasado que le permita traer esas memorias al presente… pienso en ir a hablar con él pero me contengo porque no sé qué le puede producir tener la lucidez de un momento de saber que no me recuerda y que me olvidara inmediatamente...

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Mi familia desaparece en la siguiente generación, varios amigos que son 5 o 10 años mayores dedicaron una buena cantidad de tiempo a la seducción para reproducirse y tienen un número de ex compañeras que tal vez no recuerden, un número de hijos y nietos que tampoco pueden recordar… ¿Tal vez es una forma de memoria hacia el futuro, tener quien los recuerde?

Me dieron un foto libro para escribir sobre él y me llevó a pensar en mi memoria... del libro me llama la atención los bordes que encuadran cada foto con precisión y se repiten de una hoja a otra hoja mecánicamente, bordes nítidos, precisos que enmarcan las fotos borrosas, en negativos y positivos, hojas que no están cosidas, que pueden tomar cualquier orden o desorden, hay unas pocas que están en un papel de otra calidad, tal vez el papel más económico y que menos permanecerá, con unos dípticos y trípticos, doblados de diferentes formas y que siempre coinciden con la última foto del libro, una especie de porcelana de la cual no se puede saber qué tamaño tiene, puede ser pequeña y guardar un tesoro o grande para servir un plato especial en la mesa el día que se reúne la familia a  celebrar un momento inolvidable de sus vidas, un cumpleaños, una despedida, que seguramente quedará registrado en una selfie que quedara perdida en las innumerables imágenes de las redes sociales, podría ser un objeto para guardar las cenizas de un familiar, ¿Cual es la razón para que esa imagen se repita y cierre el libro?

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La otra imagen que se repite es la de una pareja que cuando se tomó la foto estaba unida y que en el libro esta en hojas separadas, una pareja que yace en el prado mirando al cielo, con los ojos encandilados por la luz del presente y del futuro, el pasado está en sus espaldas, en la tierra que los sostiene, en la parte superior está la cartera de la mujer, predomina lo femenino, la madre.

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Como las fotos están sin unir, no se han fijado, pueden leerse en cualquier forma, recordando un poco a rayuela sin unas claves que unan un capítulo con otros capítulos, están allí para que uno les de el orden que uno quiera o no quiera…

Hay algunas fotos que son como unas entradas a una madriguera o el paso erosionado a una casa, a los recuerdos borrosos positivos y negativos, tal vez más negativos que positivos, las parejas están incompletas, acudo a mis propios recuerdos para intentar identificarlas, son difíciles de leer, tengo que adivinar a qué corresponden, hay una imagen que parece una foto de unas células o de algo que puede transportar información, como una especie de cadena, una especie de piso irregular sobre el cual la memoria intenta caminar…

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El libro está hecho a mano, parece una edición única, con algunas cosas extrañas y contradictorias, una de ellas es un cliché con un número 50/200 que recuerda las imágenes de los primeros libros que se usaban para compartir los paisajes de los viajeros o las clasificaciones de los primeros científicos que estaban midiendo y valorando el mundo para luego repartirlo entre los ganadores, el número del cliché que debe ser el que da testimonio de la originalidad del número de la copia del libro no coincide con el número de la edición que hay al final, 22/200 ¿error u olvido? ¿contradicción ? ¿alzheimer?.

Tal vez para compensar este olvido el tipo de papel y la forma del tratamiento de las imágenes es melancólico, se apega al lector, pide ser adoptado, por favor sin ti no existo, tienes que tenerme para que exista, soy tu pasado, tus raíces, por favor, por favor guárdame para que pueda vivir en tu memoria, tu me permitirás vivir en el futuro.     


FERNANDO CRUZ. - fernandocruzf@gmail.com


Datos y enlaces externos sobre este fotolibro.

Datos de Publicación

Autor: Agustín Zuluaga

Editorial: Libros Mojados Editorial

Páginas sencillas: 32

Dobles páginas: 8

Segunda Edición disponible.

¿Donde Comprar?

En Bogotá:

Inversa Editores

En Medellín:

Libros Mojados Editorial

*Si conoce otros puntos de venta háganoslo saber y pondremos aquí la información.