DULCE Y SALADA

Dulce y Salada - In memoriam, Río Cauca 

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Uno de los más importantes reportajes sobre un ecocidio es el hecho por Eugene Smith en Japón en 1971, titulado Minamata versus the Chisso corporation. 

La serie de fotografías del legendario Smith, registraban el daño ambiental producido por los químicos tóxicos que contenían mercurio, que la empresa desocupaba en la bahía de Minamata.  La dura vida de los pescadores, sus fiestas tradicionales, contrastan en este magnífico ensayo visual con los registros de las tremendas enfermedades producidas en los pobladores, su doloroso sufrimiento,  su lucha en los tribunales, sus protestas públicas, la represión policial. La intoxicación por mercurio, principalmente obtenida por el consumo de los peces de la bahía, nos ha hecho sentir desde entonces, que la actividad pesquera, es riesgosa. Y como mencionamos al inicio, es ampliamente reconocida por su enorme valor en la toma de  que conciencia ambiental.

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Una década atrás, Tomatsu Shomei cubría desastres naturales, como las inundaciones de 1959, y efectuaba su reportaje sobre Nagasaki, 15 años después de la explosión atómica que devastó la ciudad, inaugurando de cierta manera,  una forma de fotografiar que seguirían Nakahira Takuma y Moriyama Daido, entre otros: una fotografía impregnada del recuerdo aterrorizante del fin del mundo, la posible inminencia de su repetición, consecuentemente representado por el uso de la luz enceguecedora y de la penumbra más espesa, que en conjunto, nos hace sentir que percibimos la imagen apenas a tientas. 

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Esta extensa introducción nos sirve para adentrarnos en el más reciente Fotolibro de Jorge Panchoaga, Dulce y salada. En primer lugar, porque Panchoaga dedica su libro a los pescadores, en su caso a los de Nueva Venecia, en la Ciénaga grande del Magdalena, y en segundo, porque se dedicó a registrarlos como un fotógrafo japonés de los años  60.

Página a página nos introducimos en un viaje onírico, fundido en la noche, donde percibimos una realidad que apenas entendemos: manojos de anzuelos colgados, peces muertos boquiabiertos y de mirada fija, páginas en negro, no en blanco, perros aullantes que nos enfrentan con las fauces abiertas, matorrales espinosos inexpugnables, un cráneo canino en la  hojarasca, barqueros -o carontes?- que reman en la oscuridad, una noche estrellada donde los cuerpos celestes parecen estallidos del bombardeo con fósforo blanco.

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De ahí, nos adentramos por el poblado pesquero, de casas de madera, sencillas viviendas de tablas a las que nos colamos como espías en la noche para ver niños dormidos  -ó muertos?-, ancianos insomnes que nos niegan su identidad, y el único rostro que nos interpela, el de un hombre soltando una bocanada de humo. En este homenaje a los hombres y mujeres, del río, del mar? del agua dulce y salada que es la ciénaga, y a su vida, que transcurre más en la noche que en el día se dedica este foto libro,  que cuenta  con un relato corto del escritor Juan Cárdenas, donde imagina la vida de un perro en la Ciénaga. Quizás el mismo perro de la portada es el que atrajo a Cárdenas, que nos remite inevitablemente al famoso Perro extraviado de Daido. 

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 La imagen más difícil, mas dolorosa hoy, es la de la toma aérea de un río, casi seguramente el Magdalena, pero que inmediatamente nos lleva a pensar en el Cauca, destruido por ese faraónico monumento a la indolencia y la violencia que es la represa de Hidroituango, que ha causado el más devastador daño ecológico producido en el país, el ecocidio del río Cauca, del que el gobierno del presidente Duque niega cualquier responsabilidad (!). Un proyecto que inicia con una serie de masacres realizadas por los paramilitares en la década de los 90, bajo la protección de la gobernación de Antioquía. En adelante los amañamientos, mentiras, incumplimientos y amenazas por parte de EPM a los pescadores del Cauca no han faltado. En este escenario,  Dulce y salada  se convierte en un documento premonitorio del ecocidio; sensible, a la frágil vida pesquera. La noche fúnebre de Dulce y salada, es la misma quizá, de la del reciente entierro al río que hicieron los pobladores de Caucasia, a su río, al mono, al Cauca.


Texto de Santiago Rueda - ruedafajardo@gmail.com

Imagenes Jon F. Espitia B.


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Datos de Publicación

Autor: Jorge Panchoaga

Editorial: Croma Taller Visual

Página web del proyecto: www.dulceysalada.com

Páginas: 92
Medidas: 18,5 x 26,5 cm (cerrado)
Peso: 430 gramos
Papel: Cartoofset 115g
Impresión: blanco y negro en Tritono (3x3, dos negros y un gris Pantone 423 C).
Aplicación del barniz litográfico 24 horas después de impreso.
Guardas en papel iris negro.
Cabezadas negras con blanco.
Tapa dura. Cartón de 1,9mm. Plastificado mate.
Ceja (o uña) de 2mm.
Cosido con hilo negro.
Encolado con lomo plano despegado.

EQUIPO DE TRABAJO

Fotografía | Photography
Jorge Panchoaga

Texto | Text
Juan Cárdenas

Edición | Editing
Jorge Panchoaga y Gonzalo Golpe

Edición de texto | Text editing
Marcela Vallejo

Traducción | Translation
Camilo Roldán

Diseño | Design
Santiago Murillo y Alejandro Moreno

Preimpresión | Prepress
La Troupe

Impresión | Printing
Panamericana formas e impresos
ISBN 978-958-59910-2-6

¿DONDE COMPRAR?

Croma Taller Visual

26 Cigarrerías de Cedritos

“Veintiséis cigarrerías de Cedritos”, es un hecho fotográfico de Eduardo Arias, inspirado en “Twentysix Gasoline Stations “ de Ed Ruscha.

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Fotolibros Colombianos - 26 cigarrerias de cedritos - Eduardo Arias

En su fotolibro Eduardo menciona textualmente “Termina uno mostrando un montón de cosas del barrio y de la ciudad: los huecos en el asfalto, lo irregular de los andenes y la moda de la arquitectura del ladrillo a la vista; la nueva nomenclatura de las calles, los nombres de las tiendas (...)”. Aunque su apariencia fotográfica en primera instancia resulte un poco simple o plana, me lleva a un viaje de reflexión sobre las cigarrerías y la relación con su entorno, su contenido es una serie de fachadas fotografiadas con el interés en particular de convertirlo en una memoria íntima con tinte familiar, allí vivió él junto a su familia.

Sin embargo desde el imaginario lo primero que suelo pensar es lo que puede ocurrir en un espacio como este. Una cigarrería me evoca a una experiencia, un recuerdo, un suceso, como la compra de unos huevos, un cigarrillo, unas cervezas, desde luego una cigarrería me sabe a calle, a barrio, a amigos.

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En la mayoría de sus fotos, encuentro un aspecto en común como si fuese un acto repetitivo, la existencia de motos, bicicletas, lo cual me lleva al concepto de la prisa, brevedad de un servicio y recordar una línea del mismo fotolibro “Tiendas que están siempre abiertas y que hacen domicilios sin cobrar”.

Veintiséis cigarrerías, se convierte en un documento, podría pensar desde lo intimo a lo histórico, de lo individual a lo colectivo, es un proyecto con un matiz personal, pero creo que también entra a jugar como una memoria de identidad ante la transformación constante de esta ciudad, Bogotá.

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La construcción de este fotolibro es bastante ligera, sin mucho peso, de carácter portable, de papel blanco; Veintiséis cigarrerías de Cedritos, quedaron aquí encapsuladas en formato de libro, propicio para la materialización de los recuerdos y su significado para Eduardo Arias.

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Texto de Marcela Rico - instagram - marcericofotografa@gmail.com

Imagenes Kitschic Ediciones. - www.kitschic.net


Datos y enlaces externos sobre este fotolibro.

Datos de Publicación

Autor: Eduardo Arias

Editorial: Kitschic Ediciones

Páginas: 48

Tamaño: 14 x 18 cm

ISBN: NA

Blanco y Negro

¿Donde Comprar?

Kitschic Ediciones

*Si conoce otros puntos de venta háganoslo saber y pondremos aquí la información.

ALBA

ALBA - Fotolibros Colombianos  - Sebastian Bright

Cuando me pidieron que escribiera una reseña sobre el fotolibro ALBA de Sebastian Bright, contesté que sería como disparar sobre los músicos. Siempre he pensado en un fotolibro como la culminación de un proceso creativo de largo alcance, no cómo un objeto editorial para darle forma a un conjunto de fotografías sin muchas pretensiones. Me sorprende el boom de esos productos editoriales en Colombia, donde proyectos a menudo inacabados, parciales y visualmente poco interesantes, se vuelven fotolibros en un intento desesperado de ganar validación y visibilidad en el precario mundo de la fotografía. ALBA se inscribe de forma perfecta en este panorama.

Quizás con una mejor y más reducida selección, ALBA podría transformarse en un reportaje fotográfico o a lo sumo alcanzar para un zine. ¡No para un libro!. ALBA es el reflejo del afán y la impaciencia, propios de muchos fotolibros modernos, por encontrar un nicho editorial y buscarle público a una serie que de otra manera no tendría salida. Muchos fotolibros responden al deseo del autor de validar su trabajo y encontrar reconocimiento más allá de la calidad y el valor real que pueden tener sus fotografías y su propuesta editorial. Un exceso de ambición por parte del fotógrafo.

ALBA - Fotolibros Colombianos  - Sebastian Bright

Al parecer, ALBA fue impreso en el marco de ARTBO Fin de Semana 2018 y contó con una financiación de la Cámara de Comercio de Bogotá. Lo que me hace dudar de los criterios que ciertas entidades estatales aplican a la hora de financiar proyectos editoriales.

Un fotolibro debería ser algo que le de ‘otra vida’ a un relato fotográfico; un espacio donde —a través de una atenta selección y un meditado diseño gráfico— las fotografías puedan dialogar entre ellas para contarnos algo más complejo y elaborado que la simple serie fotográfica. Un ‘cuento’ que sea propio del formato del fotolibro y que esté relacionado no solo con el contenido de cada imagen sino con la polifonía de formas, texturas, encuadres que resulte de la suma de cada fotografía. Un coro donde cada voz —cada imágen— dialogue con la otra y contribuya a la melodía final.

En el caso de ALBA, las imágenes no solo no construyen entre ellas ninguna melodía polifónica, sino que con frecuencia ‘pelean’. Una pelea estética, además que de contenido. ALBA contiene una mezcla de fotografía pseudoconceptual con imágenes que intentan ser fotoperiodísticas. Fotografías tomadas con luz natural, a veces en condiciones de luz muy precarias, al lado de imágenes disparadas con flash en pleno día. Fotografías donde cuesta trabajo encontrar una mirada propia del fotógrafo y una coherencia formal. Con frecuencia, instantáneas banales y literales están al lado y anulan las pocas imágenes interesantes que hay en el libro.

ALBA - Fotolibros Colombianos  - Sebastian Bright

Finalmente, si de fotolibro se trata, uno esperaría un diseñó gráfico atento y un criterio a la hora de organizar y distribuir las fotografías en las páginas. ALBA carece de cualquier criterio. Hay fotos que ocupan la totalidad de la página al lado de fotos muy pequeñas que flotan en un mar de espacio blanco.

Imágenes dispuestas en cualquier rincón de la página: arriba, abajo, en la mitad. Fotos verticales que ocupan toda la página, al lado de fotos horizontales rodeadas de blanco. Fotos horizontales que ocupan las dos páginas y donde los sujetos están recortados por la bisagra del libro. La mayoría de las imágenes son horizontales y por lo tanto poco se entiende la decisión editorial de publicar el libro en formato vertical.

ALBA - Fotolibros Colombianos  - Sebastian Bright

Quizás lo único rescatable de ALBA es la ausencia de textos explicativos de las imágenes. Muchos autores de fotolibros sienten la necesidad de explicar sus fotografías a través de texto que, la mayoría de las veces, no sólo sobra, sino que les resta valor y fuerza a las imágenes que no deberían necesitar explicaciones, justificaciones e ilustraciones verbales. Sin embargo, en el caso de ALBA hubiera sido interesante tener un párrafo que nos ubicara contándonos donde estamos, en que año y en que tipo de competencias ciclísticas. Al igual que detalles sobre la editorial.

La copia que llegó a mis manos está desbaratada y, también en los detalles de su precario acabado, demuestra una vez más el afán y la ambición de muchos fotógrafos por ver publicadas sus historias incompletas en un fotolibro. ALBA es quizás un ulterior ejemplo de como el oficio del fotógrafo está cada vez más expuesto a la merced del mercado que decide tiempos y modalidades que a menudo lo desvirtúan. ALBA es una incompleta sucesión literal y narrativa de imágenes, disfrazada de fotolibro.


Texto por: Viviana Peretti - instagram - www.vivianaperetti.com - peretti72@gmail.com

Fotografías: Inversa Editores


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Datos de Publicación

Autor: Sebastian Bright

Editorial: Inversa Editores

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En Bogotá:

Inversa Editores

*Si conoce otros puntos de venta háganoslo saber y pondremos aquí la información.

“Pequeño, mediano, grande”

GMP - Fotolibros Colombianos  - Varios Autores-9631-100.jp

Pequeño: Que tiene un tamaño menor de lo normal. Que tiene menos cantidad, calidad o importancia que otra cosa de su misma especie.

Mediano: De calidad, cantidad o tamaño intermedios. Que es poco bueno o casi malo.

Grande: Que tiene un tamaño superior al que se considera normal o superior en comparación al de otra cosa de su misma naturaleza. Que es especialmente intenso o perceptible.

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En el año 2011, la revista bogotana Matera ganó la convocatoria de publicación periódica de IDARTES con un proyecto especial titulado: “Pequeño, Mediano, Grande”.

La idea principal de este proyecto es la convocatoria, edición y publicación de tres revistas donde se reflexionará a partir de la naturaleza del tamaño en la fotografía. Una propuesta hacia la experimentación sobre cómo los tamaños de las cosas se relacionan con los tamaños de las imágenes que las reproducen, así como el medio impreso en donde se encuentran. La publicación, editada por Manuel Kalmanovitz y Nicolás Consuegra contó con una convocatoria abierta cuyos resultados proveen en la publicación final, todo tipo de imágenes que se relacionan de forma más o menos directa con la reflexión propuesta en principio.

Es así como en la revista dedicada al tamaño “Pequeño” podemos ver fotografías macro, imágenes de la infancia extraídas del álbum familiar, juegos de perspectiva o imágenes que evocan la soledad o el sentimiento de lo pequeño. Pero también la magnitud de un paisaje en plano general, un monumento o la inmensidad vista a través de una ventana de avión.

GMP - Fotolibros Colombianos  - Varios Autores-9638-102.jpg

En esta publicación la concepción de lo pequeño, lo mediano o lo grande, está representada por fotógrafos de distintas formaciones, experiencias y vivencias. Es allí cuando me cuestiono precisamente sobre la concepción y construcción de la Mirada. Aquello que, para algunos, es ese don mágico con el que cuentan los grandes de este medio. Esa capacidad de ver lo que otros no. O de disparar en el momento justo, en el momento decisivo. Y para ir más allá, desde mi experiencia como docente: ¿Es posible enseñar esta Mirada? ¿Es posible otorgar una Mirada al finalizar el curso? 

Instrucciones para disparar una cámara

Póngase de pie, separe sus piernas a la anchura de su cadera y manténgalas levemente dobladas, una delante de la otra.

Tome su cámara con ambas manos. Póngala a la altura de su cara. Intente unir ligeramente los codos a su pecho para mayor soporte.

Su mano izquierda debe sujetar la parte inferior de la cámara, mientras su mano derecha sostiene la cámara en su empuñadura, dejando el dedo índice libre sobre el botón de disparo.

Observe a través de la mira. Dispare.

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La mirada fotográfica integra un conjunto de mediaciones físico-técnicas, formales y culturales. En principio, todo estudiante busca el dominio de la técnica, de la máquina. Sin embargo, es curioso entender que hay gente que estudia fotografía, pero no quiere aprender fotografía. En la era de YouTube, se llega a la concepción de que la práctica fotográfica se limita al dominio de algunos trucos: lograr barridos sin sobreexponer, congelar movimientos veloces, desenfocar selectivamente, hacer fotos de noche, saber de lentes, conocer los gadgets.

Algunos aprendices se contentan con la idea de poder tener más seguidores y contar con buenos comentarios de sus imágenes construidas a partir de pasos ejecutables, como quien sigue un guion o una receta. Desde la docencia, es menester la investigación a profundidad de ese conocimiento compartido en blogs y video tutoriales, que muchas veces está fragmentado o no es del todo verídico. Además de asegurar que este conocimiento tenga una secuencia temática lógica, logrando que cada concepto esté articulado al siguiente.

Y es que la fotografía es un juego estructuralmente complejo, pero funcionalmente simple. Es decir “…quien maneja una cámara puede obtener excelentes fotografías sin ser consciente del proceso complejo que provoca cuando oprime el obturador” (Flusser, 2010, pág. 62). Este proceso, no tiene tanto que ver con el dominio del aparato físico, sino con la alfabetidad. La educación y la inteligencia visual del fotógrafo.

Más que enseñar a hacer fotos, un docente de fotografía debería compartir habilidades que faciliten el desarrollo del pensamiento fotográfico. Por supuesto, es necesario saber hacer las cosas. Un taller de iluminación en estudio tiene niveles de complejidad que un estudiante debe ir alcanzando para dominar la puesta en escena y la luz, pero podría caer en ser un curso orientado al saber hacer. Lo importante, desde mi perspectiva, será la armonía entre el qué, el cómo y el para qué, así, de entrada, lo que atraiga más al estudiante sea la posibilidad de lograr un resultado visual impactante.

GMP - Fotolibros Colombianos  - Varios Autores-9643-104.jpg

Sin embargo, ¿será posible, después de esa formación, conseguir un estilo? ¿Será posible lograr otorgar una voz o una Mirada, al entregar las notas aprobadas de un curso?

Muchas veces no se trata de enseñarle algo a alguien, sino de darle herramientas para que descubra lo que necesita. Y es que, en ninguna clase de fotografía, podremos enseñarle a otro qué le interesa. Podemos abrir panoramas, servir de facilitador, motivador o incluso de instigador. Pero no podemos darle una voz.

Buena parte de la enseñanza fotográfica es generar condiciones para que el alumno consiga, algún día, tener su propia mirada. Por eso, a veces, lo importante de este camino de aprendizaje no está en las aulas, ni siquiera durante el tiempo del curso, sino mucho tiempo después, en otro lugar.

GMP - Fotolibros Colombianos  - Varios Autores-9645-105.jpg

Esa constitución de miradas y de puntos de vista son las que nos permiten observar el abanico tan amplio de visiones sobre los mismos temas, en este caso, sobre lo pequeño, lo mediano o lo grande En esta publicación podemos dilucidar el mosaico de universos, la compleja red de mediaciones, hechos culturales, discernimientos y valoraciones que, a partir de un tema específico y angustiantemente abierto permite observar el producto de una construcción editada de forma colectiva. La visión de lo pequeño, lo mediano o lo grande, se atraviesa desde la mirada del fotógrafo. Y al revisar estas revistas, se atraviesa nuevamente por mi propia mirada: por lo que sé, lo que he leído, lo que he sentido y he aprehendido.


VIVIANA AGUILLÓN - instagram - viviana.aguillon@unad.edu.co


Datos y enlaces externos sobre este fotolibro.

Datos de Publicación

Página web del proyecto: www.revistapmg.com

Autores: Varios.

Editores: Manuel Kalmanovitz + Nicolas Consuegra

Editorial: Revista Matera

Revista P 
Tamaño: 12 x 16.5 cm.

Revista M
Tamaño: 16.5 x 24 cm.

Revista G
Tamaño: 24 x 33 cm.

¿Donde Comprar?

En Bogotá:

Librería NADA

Revista Matera

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“Pequeño, mediano, grande”

GMP - Fotolibros Colombianos  - Varios Autores-9631-100.jp

Pequeño: Que tiene un tamaño menor de lo normal. Que tiene menos cantidad, calidad o importancia que otra cosa de su misma especie.

Mediano: De calidad, cantidad o tamaño intermedios. Que es poco bueno o casi malo.

Grande: Que tiene un tamaño superior al que se considera normal o superior en comparación al de otra cosa de su misma naturaleza. Que es especialmente intenso o perceptible.

GMP - Fotolibros Colombianos  - Varios Autores-9634-101.jpg

En el año 2011, la revista bogotana Matera ganó la convocatoria de publicación periódica de IDARTES con un proyecto especial titulado: “Pequeño, Mediano, Grande”.

La idea principal de este proyecto es la convocatoria, edición y publicación de tres revistas donde se reflexionará a partir de la naturaleza del tamaño en la fotografía. Una propuesta hacia la experimentación sobre cómo los tamaños de las cosas se relacionan con los tamaños de las imágenes que las reproducen, así como el medio impreso en donde se encuentran. La publicación, editada por Manuel Kalmanovitz y Nicolás Consuegra contó con una convocatoria abierta cuyos resultados proveen en la publicación final, todo tipo de imágenes que se relacionan de forma más o menos directa con la reflexión propuesta en principio.

Es así como en la revista dedicada al tamaño “Pequeño” podemos ver fotografías macro, imágenes de la infancia extraídas del álbum familiar, juegos de perspectiva o imágenes que evocan la soledad o el sentimiento de lo pequeño. Pero también la magnitud de un paisaje en plano general, un monumento o la inmensidad vista a través de una ventana de avión.

GMP - Fotolibros Colombianos  - Varios Autores-9638-102.jpg

En esta publicación la concepción de lo pequeño, lo mediano o lo grande, está representada por fotógrafos de distintas formaciones, experiencias y vivencias. Es allí cuando me cuestiono precisamente sobre la concepción y construcción de la Mirada. Aquello que, para algunos, es ese don mágico con el que cuentan los grandes de este medio. Esa capacidad de ver lo que otros no. O de disparar en el momento justo, en el momento decisivo. Y para ir más allá, desde mi experiencia como docente: ¿Es posible enseñar esta Mirada? ¿Es posible otorgar una Mirada al finalizar el curso? 

Instrucciones para disparar una cámara

Póngase de pie, separe sus piernas a la anchura de su cadera y manténgalas levemente dobladas, una delante de la otra.

Tome su cámara con ambas manos. Póngala a la altura de su cara. Intente unir ligeramente los codos a su pecho para mayor soporte.

Su mano izquierda debe sujetar la parte inferior de la cámara, mientras su mano derecha sostiene la cámara en su empuñadura, dejando el dedo índice libre sobre el botón de disparo.

Observe a través de la mira. Dispare.

GMP - Fotolibros Colombianos  - Varios Autores-9642-103.jpg

La mirada fotográfica integra un conjunto de mediaciones físico-técnicas, formales y culturales. En principio, todo estudiante busca el dominio de la técnica, de la máquina. Sin embargo, es curioso entender que hay gente que estudia fotografía, pero no quiere aprender fotografía. En la era de YouTube, se llega a la concepción de que la práctica fotográfica se limita al dominio de algunos trucos: lograr barridos sin sobreexponer, congelar movimientos veloces, desenfocar selectivamente, hacer fotos de noche, saber de lentes, conocer los gadgets.

Algunos aprendices se contentan con la idea de poder tener más seguidores y contar con buenos comentarios de sus imágenes construidas a partir de pasos ejecutables, como quien sigue un guion o una receta. Desde la docencia, es menester la investigación a profundidad de ese conocimiento compartido en blogs y video tutoriales, que muchas veces está fragmentado o no es del todo verídico. Además de asegurar que este conocimiento tenga una secuencia temática lógica, logrando que cada concepto esté articulado al siguiente.

Y es que la fotografía es un juego estructuralmente complejo, pero funcionalmente simple. Es decir “…quien maneja una cámara puede obtener excelentes fotografías sin ser consciente del proceso complejo que provoca cuando oprime el obturador” (Flusser, 2010, pág. 62). Este proceso, no tiene tanto que ver con el dominio del aparato físico, sino con la alfabetidad. La educación y la inteligencia visual del fotógrafo.

Más que enseñar a hacer fotos, un docente de fotografía debería compartir habilidades que faciliten el desarrollo del pensamiento fotográfico. Por supuesto, es necesario saber hacer las cosas. Un taller de iluminación en estudio tiene niveles de complejidad que un estudiante debe ir alcanzando para dominar la puesta en escena y la luz, pero podría caer en ser un curso orientado al saber hacer. Lo importante, desde mi perspectiva, será la armonía entre el qué, el cómo y el para qué, así, de entrada, lo que atraiga más al estudiante sea la posibilidad de lograr un resultado visual impactante.

GMP - Fotolibros Colombianos  - Varios Autores-9643-104.jpg

Sin embargo, ¿será posible, después de esa formación, conseguir un estilo? ¿Será posible lograr otorgar una voz o una Mirada, al entregar las notas aprobadas de un curso?

Muchas veces no se trata de enseñarle algo a alguien, sino de darle herramientas para que descubra lo que necesita. Y es que, en ninguna clase de fotografía, podremos enseñarle a otro qué le interesa. Podemos abrir panoramas, servir de facilitador, motivador o incluso de instigador. Pero no podemos darle una voz.

Buena parte de la enseñanza fotográfica es generar condiciones para que el alumno consiga, algún día, tener su propia mirada. Por eso, a veces, lo importante de este camino de aprendizaje no está en las aulas, ni siquiera durante el tiempo del curso, sino mucho tiempo después, en otro lugar.

GMP - Fotolibros Colombianos  - Varios Autores-9645-105.jpg

Esa constitución de miradas y de puntos de vista son las que nos permiten observar el abanico tan amplio de visiones sobre los mismos temas, en este caso, sobre lo pequeño, lo mediano o lo grande En esta publicación podemos dilucidar el mosaico de universos, la compleja red de mediaciones, hechos culturales, discernimientos y valoraciones que, a partir de un tema específico y angustiantemente abierto permite observar el producto de una construcción editada de forma colectiva. La visión de lo pequeño, lo mediano o lo grande, se atraviesa desde la mirada del fotógrafo. Y al revisar estas revistas, se atraviesa nuevamente por mi propia mirada: por lo que sé, lo que he leído, lo que he sentido y he aprehendido.


VIVIANA AGUILLÓN - instagram - viviana.aguillon@unad.edu.co


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Datos de Publicación

Página web del proyecto: www.revistapmg.com

Autores: Varios.

Editores: Manuel Kalmanovitz + Nicolas Consuegra

Editorial: Revista Matera

Revista P 
Tamaño: 12 x 16.5 cm.

Revista M
Tamaño: 16.5 x 24 cm.

Revista G
Tamaño: 24 x 33 cm.

¿Donde Comprar?

En Bogotá:

Librería NADA

Revista Matera

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La última noche

Fotolibros colombianos - La última noche - JuanJoseHorta-5.jpg

Juan José Horta Soto es un reportero gráfico con varias series sobre el conflicto y en esta Última noche ofrece un retrato ambiguo sobre el conflicto, la noche, y la idea que uno puede tener sobre lo que significa lo último.

Reunidas hay 18 fotos de armas puestas sobre cobijas, sábanas, cubrelechos de muchas clases. Hay, por ejemplo, con figuras geométricas, con flores muy grandes y rosadas, con osos pandas sonrientes que parecen contándose un chiste.

La irrupción de los fusiles y ametralladoras sobre estas superficies hace pensar en descanso pero también en la incomodidad de meterse en una cama en la que han dejado boronas que uno se clava en las plantas de los pies.

Está el contraste entre la rigidez del metal y la suavidad de la tela. Está también el claro esfuerzo por hacer que la tela esté bien extendida para darle la bienvenida a las armas que ahí yacen.

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Se puede uno imaginar a la persona dueña de la cama extendiendo las telas, como si recibiera un huésped que quisiera hacer sentir cómodo. También se ven limpias y uno podría imaginarse el olor del jabón en el cuarto contrastando con el del aceite con el que se mantienen las armas o con la acidez de la pólvora o del metal.

¿Qué tendrá de “última” esta noche? Podría ser que las armas se están acostando y que se les esté apagando el día, que se trate de sus últimas horas como armas porque luego serán fundidas para ser otras cosas: varillas, lámparas, radios de bicicletas. Pero también, más terrible, podría ser que los dueños de estas camas, quienes tendieron amablemente las sábanas, cobijas y cubrelechos para recibir a las armas, dejen de vivir tras haber hecho su gesto generoso.

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Es más, puede que el gesto no sea generoso sino amedrentado. Que mientras extienden las sábanas, cobijas y cubrelechos otra arma les esté apuntando, que la amabilidad no sea amabilidad sino miedo, que la última noche se refiera a la suya, que el engalanamiento de la cama no sea más que un gesto horrible de sadismo armado.

La tira de las 18 armas está complementada por dos cartas de excombatientes que se despiden de sus fusiles. Hablan de reconciliación, de dejar las armas, de paz. Las cartas hacen más angosto las posibilidades de sentido de las imágenes, su ambigüedad se reduce y se le va un poco la gracia.

Ahora es un documento que registra una entrega de armas y las sugerencias de esos fondos, de los pandas sonrientes y las flores fosforecentes, colapsan. No hay nada que ver acá. Es una entrega. Sigan su camino. No hay asesinatos ni amabilidades forzadas. Solo hay armas y camas y una guerra que lleva décadas acabándose sin terminarse de acabar. Lo de siempre.

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Texto de Manuel Kalmanovitz - manuelk12@gmail.com - Página Web


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Datos de Publicación

Autor: Juan José Horta

Editorial: Autopublicación

Fotografías, concepto y diseño: Juan José Horta

Edición: Jorge Panchoaga

Páginas: 18 + 2

Medidas: 12 x 17 cm

ISBN: NA

Impresión: Lineas Digitales

Primera edición 2018

300 ejemplares

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En Colombia:

Directamente con el autor

Jardines

Fotolibros colombianos - Jardines - ValeriaGiraldoRestrepo-2.jpg

Empezaré por el principio analizando el título de Jardines de Valeria Giraldo. ¿Qué es un jardín? Puedo definir un jardín como un ecosistema dispuesto por el hombre a partir de elementos orgánicos (principalmente plantas y flores). Quien diseña el jardín se apropia de elementos del medio ambiente y los ensambla a su gusto en un espacio controlado. Este acto devela una tensión entre la admiración que el humano siente por la naturaleza y el deseo de verse reflejado en ella.

 ¿Por qué tenemos esta necesidad de coleccionar y poseer todo aquello que nos desarma y que nos mueve a nuestro alrededor? No nos basta con dejarnos cautivar por la experiencia, aceptado su transitoriedad intrínseca; entendiendo que aquello que despierta nuestros sentidos, puede ser en sí mismo, sin la necesidad de nuestra existencia. En cambio, lo volvemos objeto del deseo: anhelamos materializarlo para poder consumirlo. Reafirmamos sin cuestionamientos la ilusión de que el control puede alivianar nuestra angustia existencial. Asfixiamos esa alegría inicial con la obsesión de poseerla.

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Los jardines en este libro los asocio con la intimidad. No es casualidad que la portada sea un retrato de Valeria en un interior con plantas. Tampoco es casualidad que las plantas a lo largo del libro: balazos, ratoneras, bore, nopales, heliconias, palmas y demás, sean especies tropicales. Todas pueden ser encontradas en los paisajes de Colombia y en los jardines de sus casas.

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Al extraer una planta de su medio natural para ponerla en un jardín, veneramos su existencia. La armonía lograda en el entorno artificial puede ser más plástica que el caos de la naturaleza misma. La maceta, contenedor de esta vida, y las condiciones óptimas propiciadas por el entorno controlado, pueden acentuar la divinidad de la planta. Al alejarla de sus depredadores y al darle la luz y el alimento en intervalos y medidas perfectas, la planta puede crecer y resaltar más de lo habitual. También puede morir si la dejamos de atender o si fallamos en algún paso del procedimiento. Sea bello o no el resultado de esta domesticación, lo inquietante es que de-formamos y re-formamos la planta para moldearla a nuestro gusto y capricho, revelando la plasticidad de la vida misma.

 Como la apropiación de estas experiencias estéticas no nos llenan, pasamos a codificarlas en recuerdos intensos. De nuevo ensamblamos y modificamos estos fragmentos a nuestro gusto y semejanza. De ahí que pasando las hojas del libro una asoleadora pueda parecer la maceta o contenedor de un cactus, y que una hoja de bore, en vez de servir como alimento para las gallinas pueda pasar a ser la sombrilla de una mesa verde con sillas en forma de flor. Pero esto tampoco es suficiente, la codicia nos lleva a querer materializar otras capa sobre lo ya hecho: naturaleza hecha jardín, hecha recuerdo, hecha foto digital, hecha recuerdo de la imagen, hecha impresión de foto con acabado brillante de dimensiones y look típicas de un álbum familiar... Anillamos las fotos de tal forma que si lo quisiéramos, la secuencia del libro no tendría principio ni final. Así mismo, una vez anilladas, las fotos tampoco podrían escapar de este nuevo objeto al que fueron asignadas, al menos que fueran liberadas adrede por alguien, o que fueran leídas por distintas personas, luego analizadas en texto, luego vueltas a fotografiar para ser montadas en una página web que a lo mejor termine viendo la misma Valeria Girlaldo, perpetuando infinitas copias y capas de trans-codificación de información.

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Ahora bien, no toda la reflexión sobre la naturaleza del jardín tiene que girar en torno al cinismo. No todo tiene que ser tan complejo. Al igual que este espacio, todo es doble (pésimo chiste) y a final de cuentas lo que introducimos a nuestro jardín es algo que atesoramos y resguardamos con vehemencia. El jardín, siempre y cuando sea cuidado, trae vida y oxigena.

Algunas personas aspiran a la perfección en su jardín: lo podan y arrancan todo aquello que consideran que atenta en contra de su pulcritud y reputación. Desde aquella falsa seguridad que esto les brinda, señalan todo lo grotesco y caótico a su alrededor. Otras lo cercan y con miedo intentan detener el paso de cualquier intruso (aquí puede ir foto de rosa con púas). Otras permiten que las espinas y enredaderas crezcan tanto que se invierten los roles y la planta se alimenta de su huésped de manera parasitaria. Como todo, entre el jardinero y su jardín debe haber un fino balance, de lo contrario uno termina arruinando al otro. En fin…

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Mi abuela dice que una casa sin flores es un espacio triste. Y tú, ¿Cómo adornas tu interior?


Texto de Ana Cristina Vallejo - anyvallejo@gmail.com


Datos y enlaces externos sobre este fotolibro.

Datos de Publicación

Autora: Valeria Giraldo Restrepo 

Editorial: Jardín Publicaciones

Páginas: 28

Medidas: 12 x 17 cm

ISBN: 978-958-48-0765-6

Primera edición 2017

¿Donde Comprar?

En Bogotá:

Libreria NADA

El resto es selva.

“Amigos. Nadie más. El resto es selva.

¡Humanos, libres, lentamente ociosos!”

Los amigos, 1937. Jorge Guillén

Sí, para estar en la selva se necesitan amigos. Amigos que conozcan los caminos, amigos que se hayan criado en ese territorio, amigos que hablen su idioma, amigos que unas horas antes pudieron ser desconocidos, pero que en el caminar de la selva se van encontrando en la complicidad de ser humanos.

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En un mismo costal

Al usar la palabra selva el imaginario que viene a mi cabeza es de desorden, caos, humedad y, si me dejo llevar por mis recuerdos más sensoriales, viene a mi memoria olfativa el olor a tierra, pero no esa tierra de vivero estéril y homogénea, sino esa tierra fangosa, grumosa y profunda; en seguida viene la sensación lumínica de sombra, caminos que se van perdiendo entre la oscuridad de las plantas y pisadas que se desvanecen o enredan entre ramas pudriéndose; por último, está la sensación táctil de untarse, sudarse o ensuciarse y, de vez en cuando, tocar una mano amiga para dar un salto o para salir del fango.

El índice de libro me hace pensar en todo esto, en sensaciones de temperaturas, en caminar para conocer, en prepararse bien para “aventuriar” y en que estaremos pasados por agua, mucha agua.

 

El momentum de Juan Bailarín

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En cada acercamiento a un territorio lejano de las urbes, existe un Juan Bailarín, esa persona que puede ser mujer u hombre, tener 8 o 70 años de edad, pero que con su conocimiento y su generosidad nutre los procesos de cualquier índole. “Se la soyan” igual si la búsqueda está relacionada con algo científico que involucre su territorio o si la iniciativa es acerca de una especulación artística. Siempre habrá un comentario o una historia que cree ese momentum en el cual aparecerá un detonante creativo.

La escucha atenta de esos diálogos o de esos silencios que normalmente se dan mientras se hacen largas caminatas pasadas por exceso de sol o lluvia, o durante las comidas al borde de una trocha buscando sombra en cualquier palo, son las verdaderas pistas donde se revela el territorio para el viajero en busca de las historias que permanecen el aire.

El reto de ordenar visualmente la selva o de no hacerlo

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Alguna vez en un taller de foto-paisaje con el fotógrafo colombiano Santiago Harker, recuerdo que hablamos de hacer fotografía en la selva tropical o el bosque andino, y de las dificultades para jerarquizar y darle lectura a las imágenes, esto situándonos en un discurso, si se puede decir, prístino del lenguaje fotográfico.

Este fotolibro, en su estructura, plantea un orden con momentos claros demarcados por pautas gráficas que ilustran el recorrido, organiza la mirada atando las imágenes a un contexto geográfico, acompañado, a su vez, por las historias narradas de personas que habitan ese espacio; así se crea el conjunto del corpus narrativo.

Las imágenes, página a página, van dando cuenta de un estilo de vida en ese tipo de ecosistemas, de cómo es el rebusque para vivir, de a qué hora se va la luz y cómo lo que va quedando es el “silencio” de la selva. También están dotadas de una percepción fotográfica situada desde lo sencillo de los detalles, que para mí da cuenta de un tipo de observación respetuosa sin afán de buscar espectacularidades efectistas, y más bien dejando hablar a la selva y a lo que la habita.

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Las fotografías en su totalidad se unen narrativamente a lo largo del libro, gracias a que sostienen una penumbra contrastada dada por la calidad del papel escogido y la edición final de las mismas… entre otras decisiones. Algunas imágenes me dejaron con ganas de ver más, pero se van yendo a negros profundos donde ya no se puede descifrar mucha información, especialmente el caso de la doble página de la Cristalina donde aparece una escena de muchas personas al lado del río. Esa será una pregunta para hacer al editor y al autor.

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Texto de Alejandra Cardona. - aguaquevadejalacorrer@gmail.com


Datos y enlaces externos sobre este fotolibro.

Datos de Publicación

Autor: Sebastian Villegas

Editorial: Puente Consultorias.

Diseño de arte, diseño gráfico y diagramación: Mesa Estandar / Taller Graáfico y editorial.

Impresión: Artes y Letras S.A.S.

Editor: Santiago Escobar J.

Páginas: 120

Medidas: 26 x 20 cm

ISBN: 978-958-56423-6-2

3000 ejemplares impresos en papel Offset blanco de 115 gramos.

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En Colombia:

Puente Consultorías

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