DOBLEESPACIO

A principios del año 2016, Croma Taller Visual anunciaba en varias ciudades de Colombia un taller llamado “Creación del Fotolibro”. Quien lo impartía era la fotógrafa Mariela Sancari autora del Fotolibro MOISÉS, trabajo que en poco tiempo había ganado reconocimiento y se había convertido en un trabajo de referencia para quienes estudiaban y/o publicaban en este formato editorial.

En aquel momento, tal y como sucede hoy, comprar fotolibros en Colombia no era muy fácil. Contando algunas excepciones, pocos títulos llegaban a las librerías y aquellos que se conseguían tenían un costo alto. Esto sin contar que los nuevos títulos que exploraban nuevas narrativas y/o nuevas formas de producción, como era el caso de MOISÉS, eran prácticamente imposibles de adquirir, y su consulta quedaba supeditada a la experiencia web. Es por esto que cuando me inscribí al taller en Bogotá, mis mayores expectativas eran poder tener un contacto físico con aquel Fotolibro y escuchar de la propia voz de la autora su proceso de creación. Afortunadamente aquel taller detonó mucho más que eso.

En alguna parte del taller Mariela sacó de su maleta fotolibros de diferentes autores y países. La mayoría de ellos eran desconocidos para mi y creo que para muchos de mis compañeros. Quedamos en aquel momento abrumados con la cantidad de posibilidades narrativas y de diseño que ofrecían estos proyectos. Recuerdo debatir entre todos cual nos parecía más interesante o con cual nos conectábamos más. Intentábamos descifrar de que trataba cada proyecto desde la fotografía, desde su edición o desde su puesta en página. Comparábamos papeles y encuadernaciones, y por su puesto criticábamos su capacidad de llevar a buen puerto la relación entre el proyecto fotográfico y el proyecto editorial. La multiplicidad de los discursos ofrecidos por tantos autores se combinaban de manera exponencial con los análisis que intentábamos hacer entre todos en aquel salón. Tal vez allí nació dobleespacio y en retrospectiva creo que esa es la esencia de este proyecto: un grupo de amigos aprendiendo y con la capacidad de sorprendernos con el inquietante mundo de los fotolibros.

Desde aquel 2016, en diferentes espacios y momentos me he encontrado en el camino con más personas que al igual que yo sienten una atracción por los fotolibros. Algunas de ellas de manera constante y dedicada vienen aportando a la construcción de un escenario que aun se muestra incipiente y muy débil en el contexto editorial nacional y prácticamente invisible en contextos regionales o globales. Por supuesto el aporte central se basa en la creación autoral. Diferentes autores en el país vienen trabajando desde la experimentación y la producción en materia de fotolibros. Tan solo en dobleespacio hemos reseñado este año 19 fotolibros colombianos y tenemos confirmados alrededor de 10 más el año que viene. Esta cifra no parecería ser muy representativa en el ámbito internacional, pero si demuestra la existencia de un capital creativo que parece fortalecerse a pesar de todos los retos que este medio padece.

Todos los fotolibros colombianos reseñados en dobleespacio tienen detrás un gran esfuerzo por parte de sus autores, sin embargo, quiero resaltar de manera especifica la importancia de tres autores, que en mi opinión personal vienen trabajando de  manera constante y que a través de su trabajo no solo comienzan a consolidar una obra autoral individual, si no que además aportan a la discusión en ámbitos regionales, pero aún más importante a la construcción de una escena local impulsando a su vez a nuevos autores: Agustín Zuluaga a través de publicaciones como Popular Mechanics o Santísimo Sacramento; Santiago Escobar con Elefante Blanco, Lucía y Patria o Muerte; y Jorge Panchoaga con Savage y Dulce y Salada, son autores que desde diferentes perspectivas y trabajos han explorado y publicado con sólida perspectiva autoral trabajos que sobresalen y aportan a un desarrollo de la fotografía en el país.

Aunque algunos fotolibros, por no decir la mayoría, en Colombia corresponden a autopublicaciones, existen algunas editoriales que arriesgan y contribuyen al desarrollo de este formato en el contexto local: La editorial Mesaestandar, radicada en Medellín con los fotolibros Huella y Fuente y Ghost Guessed (ambos del autor Tom Griggs) y la editorial Jardín publicaciones con los fotolibros Jardines de Valeria Giraldo, Esquina rosa de Miguel Ángel Rojas y Fantasía de Sebastián Villamil, constituyen un ejemplo para que otras editoriales apuesten y publiquen más fotolibros aportando desde el diseño y la exploración de materiales, tal como lo han hecho Mesaestandar y Jardín publicaciones.

En términos de ferias o eventos asociados directamente a los fotolibros, Colombia aún carece de un espacio especializado a este formato. Aunque en la mayorías de ferias de libros que existen en el país es posible encontrar excepcionalmente fotolibros nacionales o internacionales, ninguna de ellas ofrece espacios de discusión y mucho menos de creación fotográfica/editorial en sus cronogramas. Tal vez los dos casos mas cercanos sean, en primer lugar la Sección de Libro de Artista de ARTBO, en la cual es posible encontrar editoriales como Archive of Modern Conflict, pero que de manera general agrupa editoriales de diferentes corrientes artísticas, donde la gran mayoría no son necesariamente fotográficas. Y la segunda: Bogotá Feria de Fotolibros y Publicaciones Editoriales (BoFFE) realizada por Inversa Editores, la cual tuvo su primera edición en el año 2017, pero que por diferentes circunstancias no tuvo continuidad y no se desarrolló en este año 2018. Estos espacios son necesarios no solo para poder vender las obras que se realicen, sino sobre todo porque son el espacio idóneo para que autores, editores y/o editoriales tengan un espacio de dialogo y encuentro con el publico y entre ellos mismos, a la luz de encontrar nuevas estrategias de producción y distribución; temas que suelen ser los puntos más críticos de toda la cadena de circulación de este tipo de trabajos.

Existen muchos temas de los cuales hablar, trabajar y mejorar en el ámbito de los fotolibros en Colombia. La formación de nuevos autores que construyan, desde lugares no habituales, discursos fotográficos profundos y sinceros. La formación de nuevos editores que antepongan a su lugar de poder, la necesidad que tienen los autores por hacer llegar su mensaje a un público mas amplio. La construcción de más espacios físicos y virtuales que sirvan como escenario de encuentro y creación, no solo para los autores sino para un público prácticamente inexistente. Editoriales que apuesten por la fotografía como un medio de entretenimiento, de reflexión, de critica, de investigación y sobre todo de creación, en tiempos donde la independencia editorial debe ser un ineludible eslabón en la construcción de nuestra memoria colectiva. Y por ultimo, aunque debería ser lo primero, el reclamo de las obligaciones estatales frente a la creación artística.

El próximo año intentaré desde dobleespacio, con la ayuda de muchas personas, aportar desde algunos de estos frentes. Tal vez la primera tarea por ahora sea volver a ese salón, a ese taller de “Creación del Fotolibro”, donde entendí que al final no debemos intentar ser más que un grupo de amigos, estudiando y dialogando, sin la necesidad de intentar sobresalir por encima de colegas y compañeros, impulsandonos en la curiosidad de entender trabajando de que se trata esto de los fotolibros.


Jon F. Espitia B. Director de Dobleespacio. info@dobleespacio.com